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DECLARACIONES DE LOS OBISPOS DE SANTANDER



Aunque dos comisiones convocadas por los obispos de Santander declararon que no había aquí fenómenos capaces de autenticar los hechos como indudablemente sobrenaturales, no condenaron el mensaje. A este respecto, la primera comisión declaró: “No hallamos nada merecedor de censura eclesiástica ni condenación ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales supuestamente dirigidas a los fieles”. El obispo D. Juan Antonio del Val, que convocó la segunda comisión, al jubilarse de su cargo declaró que “el mensaje de Garabandal era importante y teológicamente correcto”.

Cuatro Obispos consecutivos de Santander se han pronunciado en contra de la sobrenaturalidad de las apariciones de Garabandal, lo cual ha pesado mucho entre los fieles. Resumimos brevemente las declaraciones de los diversos Obispos que se han sucedido desde el inicio de las apariciones hasta nuestros días.

 

- Mons. Doroteo Fernández, mayo de 1961 a enero de 1962 (Administrador Apostólico)

El Administrador Apostólico de la diócesis, -don Doroteo Fernández- basándose en una comisión técnica que nombró para el examen de las apariciones de Garabandal, publicó en el boletín eclesiástico el 26 de agosto de 1961, a solo dos meses y pico del comienzo de las apariciones y al mes escaso de las primeras negaciones de Conchita, una nota afirmando que no constaba la sobrenaturalidad de dichas apariciones. La comisión solo realizó dos o tres visitas al lugar de las apariciones y concluyó que los sucesos eran “un juego de niños”.

El mismo Administrador Apostólico, el 2 de noviembre de 1961, al medio mes del primer mensaje de Garabandal, que tanta decepción causó, redactó una nueva nota- esta vez sin nombrar a la comisión técnica pero basándose sin duda, en su informe, pues varios miembros de la comisión estuvieron presentes en la promulgación del mensaje – en la que se ratificaba en su juicio precedente acerca de que no constaba la sobrenaturalidad de las apariciones. Obviamente tampoco constaba lo contrario, es decir que no lo fueran. Recordemos que una cosa es la ortodoxia del contenido –sobre la cual no había dictamen contrario– y otra muy distinta el origen de los fenómenos.

Primera nota oficial de Mons. Doroteo Fernández.

Segunda nota oficial de Mons. Doroteo Fernández


 

- Mons. Eugenio Beitia Aldazabal, enero de 1962 a enero de 1965.


El nuevo obispo de Santander Mons. Eugenio Beitia, firmó su primera nota el 7 de octubre de 1962 a los pocos meses de haberse hecho cargo del obispado, y cuando ya estaba para salir hacia Roma para participar en el Concilio Vaticano II. Esta nota parece ser la respuesta al milagro de la comunión visible de Conchita del 18 de julio del mismo año, y en ella el Obispo que, por lo visto, no estaba todavía muy puesto en el asunto de Garabandal, no hace sino ratificar el informe de la comisión técnica en el cual se dice que “tales fenómenos carecen de todo origen de sobrenaturalidad y tienen una explicación de carácter natural”. Este juicio era, sin duda, prematuro, pues la comisión episcopal nombrada al efecto de indagar lo que estaba ocurriendo en Garabandal no realizó ningún examen serio de carácter científico. El mismo Obispo publicó el 8 de julio de 1965 a los 20 días del segundo mensaje de Garabandal, una nueva nota. En ella hace mención de la comisión técnica diciendo que la misma sigue opinando que no consta la sobrenaturalidad de los fenómenos. Además es ya en esta cuarta nota cuando se prohíbe “de manera explícita y formal” la asistencia de los sacerdotes a Garabandal, sin expresa licencia. En la primera nota sólo se expresaba el deseo de que no asistieran los sacerdotes; en la segunda se recomendaba que evitaran “la organización de visitas y peregrinaciones a los referidos lugares”; en la tercera se prohibía no el asistir, sino “el concurrir” habiendo declarado Mons. Beitia a cierto sacerdote que no se trataba de una prohibición formal.

Mons. Beitia impuso pues restricciones a los sacerdotes que subían al pueblo sin permiso diocesano pero no condenó los acontecimientos pues hace constar que “no hemos encontrado materia de censura eclesiástica condenatoria, ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales, que se han divulgado en esta ocasión, como dirigidas a los fieles cristianos, ya que contienen una exhortación a la oración y al sacrificio, a la devoción eucarística, al culto de Nuestra Señora en formas tradicionalmente laudableso y al santo temor de Dios, ofendido por nuestros pecados”. Autorizó una investigación privada llevada por tres doctores, cuya conclusión no coincidió con la de la comisión oficial.

Primera nota oficial de Mons. Eugenio Beitia

Segunda nota oficial de Mons. Eugenio Beitia


 

- Mons. Vicente Puchol Montis, julio de 1965 a mayo de 1967.


Después de las declaraciones de las niñas negándolo todo (cumpliendo la profecía de Nuestra Señora en 1961 de que así sucedería) intentó poner fin a Garabandal. Publicó la quinta nota el 17 de marzo de 1967. Esta nota ya no se basa, como las precedentes, en el informe de la comisión técnica sino en la declaración de las videntes, de la que resulta según nos dice Mons. Puchol, que no ha habido apariciones ni mensajes y que “todos los hechos acaecidos en dicha localidad tienen una explicación natural”. Es claro que un prelado que dijo públicamente: “Esto lo acabo yo cueste lo que cueste” no puede ser tenido por juez imparcial, máxime sabiendo que su veredicto no se hallaba respaldado por ningún estudio profesional por parte de los peritos científicos que exigía asunto tan delicado. De todos modos, ni una palabra sobre lo que era la real competencia del obispo en cuanto obispo, esto es: el dogma, la moral, la liturgia o el derecho canónico.

Nota oficial de Mons. Puchol


- Mons. José María Cirarda Lachiondo, julio 1968 a diciembre de 1971


Se oponía firmemente a Garabandal y logró, a través del Cardenal Jean Villot (Secretario Vaticano), dar a la prensa nacional y extranjera el 9 de octubre de 1968 una nueva nota sobre los hechos de Garabandal. En la misma se ratifica lo que han dictaminado los tres prelados precedentes asegurándose en especial que no consta la sobrenaturalidad de las apariciones de Garabandal, según los dos primeros y que todo tiene una explicación natural, según el tercero, a quien se supone que ha dado su dictamen de acuerdo con la Santa Sede.

Nota sobre los sucesos de San Sebastián de Garabandal


- Obispo Juan Antonio del Val Gallo, diciembre de 1971 a agosto de 1991


Aunque no creía en Garabandal cuando tomó posesión como Obispo, mostró un espíritu abierto en contraste con sus dos predecesores. Como canónigo de la catedral de Sandander en 1961, fue miembro de la comisión original pero renunció por la manera en que llevaban los asuntos. Es el único Obispo de Santander que ha visto a las videntes en éxtasis. Tras una visita pastoral en 1977, levantó las prohibiciones de sus predecesores acerca de la difusión de las apariciones y de celebrar Misa los sacerdotes en el lugar en el que presuntamente tuvieron lugar. También permitió que se rodase una película sobre las mismas e instituyó la primera comisión episcopal interdisciplinar que se ocupó del caso.
Alrededor de 1981, empezó a creer en los acontecimientos. En 1983, dio permiso al Dr. Luis Morales de la comisión original, que también había pasado a creer en la apariciones, para dar unas conferencias en el salón de actos más grande de Santander en defensa de los acontecimientos de Garabandal. En 1987, instituyó una nueva investigación de las apariciones y levantó la prohibición de ir al lugar a los sacerdotes, permitiéndoles celebrar Misa en la iglesia del pueblo con el permiso del párroco.

 


- Mons. José Vilaplana Blasco, agosto de 1991 a julio 2006


Dejó ver que no creía en Garabandal en una carta de 1993 a Ramón Pérez, mientras que al mismo tiempo mantenía sin cambios la política del Obispo del Val. Consta una carta a D. Richard Paul Salbato de Fátima en donde reitera la postura de sus predecesores.

Carta de Mons. Vilaplana a Richard Paul


- Mons. Carlos Osoro Sierra Arzobispo de Oviedo, julio de 2006 a septiembre de 2007 (Administrador Apostólico)

Inauguró una nueva actitud de la Jerarquía hacia Garabandal al asentarse sobre los positivos pasos dados por el Obispo del Val.


- Excmo. Mons. Vicente Zamora, septiembre 2007 - diciembre 2014

No emitió ningún comunicado oficial sobre Garabandal. El 6 de mayo de 2012 bendijo e inauguró la iglesia parroquial de San Sebastián de Garabandal después de haber sido restaurada.


- Excmo. Mons. Manuel Sánchez Monge, desde el 30 de mayo de 2015.



En estas notas si bien, de momento, no juzgan los obispos que haya nada sobrenatural en las presuntas apariciones (materia siempre revisable a la luz de nuevos datos o de un mejor estudio científico de los ya existentes), nada han dicho en contra del contenido de las mismas (“no hemos encontrado materia de censura eclesiástica condenatoria, ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales que se han divulgado”) y ése era y es precisamente su cometido como Iglesia docente.

 


Valoración de las notas de los Obispos de Santander

Para valorar debidamente el juicio desfavorable de los cuatro Obispos de Santander, hay que tener en cuenta el fundamento en que se basan sus afirmaciones. Éste es en los dos primeros el informe de la comisión técnica y en los otros dos, además del juicio de los obispos precedentes, las negaciones de las videntes.

Respecto al valor de los informes de la comisión técnica.

Esta comisión constaba, según parece, de tres canónigos y profesores de Santander: Don Juan Antonio del Val, que después sería Obispo de Santander, D. Francisco Odriozola y D. Jose María Saiz que murió repentinamente en 1964. Había también dos médicos: el doctor Morales, psiquiatra de Santander y el doctor Piñal anestesista. Sin embargo, D Francisco Odriozola, secretario de dicha comisión, fue, según declaró el mismo en 1962, el “verdadero motor de la misma”, por lo que se le ha calificado como “el alma y motor” de la comisión.
Ahora bien, hay datos más que suficientes para sospechar con fundamento serio que dichos miembros de la comisión adoptaron una actitud negativa apriorística o preconcebida acerca de las apariciones de Garabandal; actitud que podemos resumir en que para ellos era inadmisible que la Santísima Virgen se apareciera de una manera tan frecuente, inusitada y extraña a cuatro niñas de un pequeño pueblo perdido en las montañas de Santander y que, por lo tanto, todo había que atribuirlo a la fantasía de cuatro niñas, fomentada por los peregrinos que afluían continuamente a Garabandal.

En primer lugar a los 40 días de dar comienzo las apariciones Conchita, a la que se juzgaba la principal protagonista de las mismas, fue trasladada a Santander a instancias de algunos miembros de la comisión con el fin de acabar así con las supuestas apariciones. Al día siguiente de su llegada según manifiesta Conchita en su diario, la examinaron el doctor Morales, miembro de la comisión y otros médicos, los cuales concluyeron que la niña estaba normal, pero “que esto de las apariciones era un sueño”, poniéndole como tratamiento para deshacer sus fantasías o alucinaciones, un buen ambiente de distracción en Santander. Como a los 8 días volviera su madre y su tía para llevársela a Garabandal, el doctor Piñal miembro de la comisión, extremó, no sólo los halagos, presentándole un porvenir risueño, si se quedaba en Santander, sino también las amenazas, diciéndole incluso que la encerrarían en un manicomio, si persistía en hablar de sus apariciones, hasta que al fin consiguió que firmara un papel en blanco negando sus apariciones. Así mismo, el administrador apostólico de la diócesis y D. Francisco Odriozola la halagaron también con una promesa en este sentido.

En segundo lugar, en una de las pocas veces que los miembros de la comisión estuvieron en Garabandal – según referencias de testigos fidedignos, apenas, el que más acudió, lo hizo no más de seis veces – mostraron bien a las claras esta actitud preconcebida. Era el 22 de agosto de 1961, a los dos meses y algunos días de haber comenzado las apariciones. Según cuenta el párroco de Barro-Llanes (Oviedo) don José Ramón García de la Riva, las niñas cayeron en éxtasis después del Rosario. Y en una de las ocasiones en que en ese estado entraban en la Iglesia pudo oír al doctor Piñal que decía en alta voz: “¿Qué? ¿Todavía continua esta farsa?” Así mismo, el sacerdote presidente de la comisión, comentó también en alta voz: “Yo en esto no creo.... pase lo que pase”. Después deliberaron los comisionados lo que debían de hacer y decían entre sí: “Vamos a cerrar la iglesia al culto. Enviaremos a D. Valentín un mes de vacaciones; lo admitirá fácilmente, pues parece que está nervioso... Al Padre jesuita (Ramón M. Andreu) lo haremos marchar. Impediremos subir aquí a los sacerdotes y... si esto es de Dios ya se abrirá paso”. Pocos días después, el 26 de agosto, salió la primera nota desfavorable del obispado sobre las apariciones.

En tercer lugar apenas corrió la noticia de que el P. Lucio Rodrigo profesor de moral en Comillas, durante muchos años, dio muestras de admitir la sobrenaturalidad de los fenómenos de Garabandal, acudieron a Comillas en septiembre de 1961 a entrevistarse con él los tres sacerdotes miembros de la comisión, que habían sido discípulos suyos y el doctor Piñal. Acerca de esta entrevista, el padre Lucio Rodrigo declaró a una persona digna de toda confianza: “No me fue difícil entender que no buscaban precisamente mi opinión, como elemento que les sirviera para formar juicio: Ellos venían ya con el juicio vencido en posición contra el posible signo sobrenatural de los sucesos”. También dijo a la persona susodicha que ya desde entonces creyó descubrir en los miembros de la comisión algo que luego se haría casi evidente: que ellos “andaban especialmente a la caza de datos o pruebas en contra”.

Constan además frases e incidentes de miembros de la comisión que demuestran esta posición preconcebida. En particular es curioso lo que sucedió con el doctor Morales psiquiatra, el 11 de julio de 1961, cuando fingiéndose carmelita, intentó sugestionar a las cuatro niñas de que sus apariciones eran falsas, asegurando a los visitantes que desde ese día las niñas ya no tendrían más apariciones. Al poco rato de haberse marchado el citado doctor, las niñas cayeron en un éxtasis que duró unos siete minutos.

De lo dicho se desprende que las notas que dieron a la publicidad los obispos de Santander, basándose en los informes de la comisión técnica, adolecen de falta de una información seria e imparcial por parte de la citada comisión.