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Entrevista con Consuelo Husé Gómez


¿Cómo y cuándo conoció Garabandal?

    Pues en realidad tuve noticias cuando empezó a salir por primera vez en el periódico y en revistas lo que pasaba en Garabandal. En aquel momento no le di mayor importancia.

    En el año 65 organizaron un autocar desde Barcelona para subir a Garabandal porque decían que la Stma. Virgen había anunciado que iba a dar un mensaje, creo que fue a Conchita. El autocar iba lleno y subimos muy entusiasmados, cantando, rezando. Entre nosotros había un periodista apellidado Soler, encargado del Noticiero, que iba medio dormido. Le había enviado Enrique Rubio, periodista bastante conocido en aquel tiempo.

     Al llegar a Cosío, había que dejar el autobús y subir a pie hasta Garabandal, que por aquel entonces estaba hecho un desastre. Yo iba con María Eulalia Serrano y ya no éramos tan jóvenes. Una vez que llegamos al pueblo apenas podíamos dar un paso porque estaba lleno de gente. Entramos en una casa, ya que todas las casas estaban abiertas, y a la vez estaban llenas. La gente estaba hasta por el suelo, sin poder dormir y sin nada.

    Bueno, llegó el día siguiente, el día anunciado, 18 de junio de 1965. Todo el mundo hablaba de que iba a ser un día muy grande. Conchita estaba con gripe, tenía fiebre, y la conseguimos ver un poco en la ventana, porque había demasiada gente y no podías acercarte mucho. Cuando llegó la hora, habiendo tenido ya las llamadas, salió deprisa, con la guardia Civil alrededor para protegerla, porque claro, había una riada de gente. Se fue por una calle, que no sé si era la Calleja, y yo recuerdo que mi amiga me dijo: “vamos más adelante” sin embargo yo  le contesté: “mira, María Eulalia, si la Virgen quiere que veamos algo ya lo veremos desde aquí y si no..., porque ¿cómo vamos a pasar?, yo no estoy acostumbrada a caminar por los pueblos ni nada de esto”.

    Cuando fue el momento del éxtasis, yo lo pude ver. Conchita iba normal,  rodeada,  y en el momento en que tuvo la aparición cayó como si la hubieran serrado con una sierra eléctrica las piernas. No fue como cuando uno se  arrodilla, que se inclina y primero posa una rodilla y después la otra. Aquello fue una caída instantánea, con la cara hacia atrás, estaba preciosa, la veía a ella como de marfil, con un perfil muy bonito.
    
    Recuerdo que había cámaras, altavoces, micrófonos, casettes que grababan, luces. Parecía de día porque los del NODO enchufaban con potentes focos a Conchita.

    ¿Cómo era el suelo sobre el que cayó de rodillas?
    Cayó en la Calleja y eran todo piedras, por eso no quería yo subir. Era  un camino muy dificultoso para andar por él.
    
    ¿Hizo alguna exclamación de dolor al caer sobre las piedras?
    Nada, nada en absoluto. Ella ya estaba en éxtasis, viendo al arcángel S. Miguel.  En esta ocasión no vio a la Virgen, sino a S. Miguel.  Allí estuvo como unos diez minutos  más o menos, y entonces dio a besar el crucifijo a tres franceses, y luego ella se santiguó…

    ¿Lo dio a besar hacia atrás?
    Sí, sí, como se ve en las fotografías. Después se levantó sonriente y nada… Todos querían saber lo que había pasado, pero nada, se la llevaron enseguida a su casa. Eran las 12 de la noche. Entonces yo recuerdo que pensaba: ¿para esto tanta cosa? Y me fui a casa de Loli, donde su padre tenía un bar, y allí me dieron una sopa que me supo a gloria ya que no había comido nada en todo el día. No pudimos dormir casi nada. Y al día siguiente yo estaba muy decepcionada por una razón: porque se había dado un mensaje y no lo dieron a conocer hasta el día siguiente.

    ¿Recuerda lo que oyó cuando se leyó el mensaje?
    Más o menos. Antes casi me lo sabía de memoria, pero ahora ha pasado mucho tiempo. Lo que recuerdo de memoria es que el ángel de parte de la Virgen dijo:  “Como no se ha cumplido ni se ha hecho cumplir el mensaje que yo os di, os vengo a decir que este es el último. Antes la copa se estaba llenando, ahora ya está rebosando. Cardenales, obispos… -no, entonces no se dijo lo de cardenales y obispos aludiendo a la prudencia-, sacerdotes, van muchos por el camino de la perdición y con ellos arrastran más almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Yo, vuestra Madre, por intercesión de San Miguel, os lo venía a decir porque os quiero mucho, no quiero vuestra condenación. Pedirnos y nosotros os lo daremos”, -puede que me deje algunas palabras.
    
    ¿Fue escrito por Conchita el mensaje?
    Sí, lo debió escribir después del éxtasis porque fue algo que se le quedó grabado..

    ¿Qué recuerdos tiene de esos días?
    Cuando ella fue a misa, al día siguiente, 19 de junio, el periodista que había ido con nosotros en el autobús desde Barcelona le preguntó: “Conchita, ¿qué quieres que diga de ti en mi periódico?”. Y ella le contestó -tenía unos quince o dieciséis años entonces-, dijo: “De mí nada, del mensaje todo”. Esto le impresionó mucho al periodista  porque viendo a una niña a la que apuntaban los focos de las televisiones española, italiana y alemana, sin embargo no tenía ningún afán de protagonismo.

    ¿Por qué le decepcionó el subir a Garabandal esa primera vez?
    Fue más que nada al bajar, después de que Conchita recibió el mensaje, porque después de haber oído a tanta gente que iba a ser un día muy grande, ella no lo dio a conocer y fue una desilusión. Yo esperaba ver algo especial que  nunca hubiera visto, pero nada. Sin embargo después, a medida que fui bajando de Garabandal, cuando ya nos íbamos, cada vez creía más. Una vez ya en mi casa de Barcelona me venían todos los recuerdos y cada vez me sentía más atraída.

    ¿Cuántas veces subió usted aproximadamente a Garabandal en tiempo de las apariciones?
    Solamente la que he contado, cuando el segundo mensaje. Después he subido muchas más y he conocido bien a las niñas.

    ¿Recuerda cómo eran las niñas?
     Sí eran niñas completamente normales.

    Ha conocido al Dr. Puncernau, ¿qué opinión tenía él de las apariciones?
    Le he oído contar todo, todo lo que está en los libros, aunque ahora yo no podría repetirlo. Se lo he oído contar infinidad de veces en las conferencias que daba. Dio una en la que iba con un chico que se llamaba David Clúa, que era el que pasaba las diapositivas en el Palacio de la Música de Barcelona, con un lleno total, y con permiso del Obispo, del Doctor Modrego.

    ¿El Dr. Puncernau creyó desde el principio que era verdad todo aquello?
    Sí, sí, sí. Él era psiquiatra y decía que algunas cosas sueltas se podrían explicar naturalmente, pero todas en conjunto no era posible. Decía que se veía claramente que era una cosa de Dios.

    ¿Conoció al P. Ramón Mª Andreu?
    Sí, yo conocí al P. Ramón Mª Andreu  y tengo muchas cartas de él. Una de las más importantes fue aquella en la que hablaba de lo que el Papa Pablo VI le había dicho a Conchita. Esta carta yo la tengo fotocopiada por ahí y sale en los libros también. Tuve el original firmado por él. Estaba escrita a máquina, con su firma de puño y letra. Recuerdo que se lo dejé a una monjita del Hospital Clínico y quizá ella sacó fotocopia porque luego el Padre me llamó por teléfono y me dijo que esa carta le estaba dando muchos disgustos. Me dijo: “lo mejor que puede hacer es romperla”. Rompí el original pero luego como ya estaba fotocopiada por ahí conseguí una copia.

    ¿Tiene algún objeto besado por la Virgen?
    Llevo una medalla besada por la Stma. Virgen que fue un auténtico regalo. Yo le di al Dr. Puncernau mi medalla escapulario para que cuando hubiera aparición, la Stma. Virgen la besara.
Al enterarse Conchita le dijo a Puncernau: “¿y esta señora va a ir sin medalla y sin escapulario mientras tanto?”. Así que Conchita le entregó éste para mí, que yo llevo conmigo, con la condición de que si le pedía la dueña tendría que devolverle porque aquí pone: Laura. Nunca me le han pedido.

    ¿El suyo también se lo devolvieron besado por la Virgen?
    No, el mío se lo quedaron para que la Virgen lo besara y si luego lo besó o no, esto yo ya no lo sé. Yo con éste estuve mucho más contenta. Hice que grabaran en él: “besado por la Santísima Virgen en San Sebastián de Garabandal”.