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Entrevista con Francisco Luis Martín Navarro

-¿Se puede presentar?
Mi nombre es Francisco Luis Martín Navarro. Mis amigos me conocen como Paco o Paco Luis.

-¿Cuándo y cómo conoció Garabandal?
Un amigo, llamado Plácido Ruiloba, me  habló de ello,  me comentó que se estaban produciendo unos éxtasis en unas niñas y que él ya había subido en alguna ocasión. Entonces me invitó a acompañarle y así empecé a subir.

-¿Recuerda la primera vez que subió?
Sí. Subí con este amigo, que me había advertido primero, que debía estar con él, ya que los padres, las familias de las chicas, estaban un poco susceptibles por algunas maniobras incorrectas que alguien había hecho sobre ellas, como pincharlas con agujas, etc. Subimos una noche, estuvimos pendientes de que nos avisaran si las niñas tenían algún éxtasis y así fue. Fue concretamente Conchita, tuvo un éxtasis al lado de la iglesia. Plácido Ruiloba me había dicho que intentara levantarla por los codos, lo intenté una vez que cayó en éxtasis y la verdad es que no pude, no pude levantarla o la levanté escasamente cinco centímetros. Eso fue el primer día.

-¿Cuántas veces aproximadamente habrá subido a Garabandal?
Entre 20 y 30 calculo yo.

-¿Qué es lo que más le llamaba la atraía de Garabandal? ¿Por qué subía?
Pues hombre, aquello era un fenómeno que no era normal, subía atraído por ese fenómeno. Y ¿qué me atraía?,  pues las propias chicas, sobre todo la candidez o la personalidad de una de las chicas llamada Conchita.

- ¿Nos puede describir alguno de los éxtasis que ha presenciado?
Pues he presenciado varios, sí. El que he comentado antes y que puedo completar. En ese primer éxtasis que vi cayó de rodillas al lado de la iglesia y no la pude levantar, ella se levantó sola, echó a correr y yo detrás. Yo entonces era jovencito, tenía el orden de 27 años, había un riachuelo al lado de la iglesia que la niña saltó, yo lo intenté pero me mojé, creo que ella no se mojó, echó a correr por las callejuelas prácticamente íbamos ella y yo solos porque los demás eran personas mayores, no la podían seguir. Iba muy deprisa y no la podía alcanzar, de repente giró, se metió como en un callejón sin salida, con una pared al frente y cuando ya parecía que se iba a estrellar contra la pared frenó en seco, a unos diez centímetros de la misma.
Después he presenciado varios. Algunos los recuerdo bien porque se me han quedado gradados. Otro día que íbamos de camino al cementerio, Conchita iba en éxtasis con los ojos hacia arriba, como iban siempre, caminaba sin mirar al suelo. Íbamos Plácido a la derecha, yo a la izquierda y detrás un grupo de 10 o 12 personas, y en ese momento sentí como una especie de afecto, de cariño hacia la chica, por la forma en que iba y justo en ese momento me dio a besar el crucifijo.
Otro día, en una escena parecida, pero camino de la casa de una señora que se estaba muriendo, al llegar estaba la pobre viejecita en la cama, casi agonizando, y Conchita, que iba en éxtasis, se arrodilló de repente, sus rodillas cayeron sobre los largueros de la cama, se hizo sangrar de forma que quedaron unas manchas de sangre en el suelo y sin embargo no se le notó ningún gesto de dolor.
Había éxtasis que Conchita previamente sabía que iba a tener porque decía que tenía aviso.  En una de esas ocasiones, estábamos en su casa expectantes a que entrara en éxtasis, ella estaba sentada en el fogón de la casa, a medio metro o un poco más, y de repente cayó de rodillas, desde el fogón al suelo. Tenía que haberse hecho mucho daño y no observamos ningún gesto de dolor tampoco.
Otro éxtasis que yo recuerdo y que se me quedó grabado fue el que  llaman la primera “noche de los gritos”, o algo así, en el que ni Conchita ni mi amigo Plácido estaban porque  se habían quedado en casa de Conchita que tenía aviso y que iban a tener un éxtasis. Creo recordar que eran Jacinta  y Mª Cruz las que subieron con unas linternas a los pinos, todos los demás nos quedamos abajo y al cabo de 5 - 10 minutos bajaron llorando en éxtasis. Cuando se acercaron a nosotros tenían reacciones y movimientos simultáneas, como si estuvieran viendo las mismas cosas al mismo tiempo y decían: “ay no, ay no” como si vieran un castigo. Lloraban al tiempo y al tiempo cambiaban de gesto. Una volvió a la normalidad y la otra a los dos o tres minutos, no volvieron al tiempo. Lo que más me sorprendió de ello fue la simultaneidad de los movimientos y reacciones que tenían las dos.

-¿Respondían a estímulos exteriores?, ¿se las podía mover?
Yo no pude moverla. Yo el primer día que llegué, ya digo, la intenté levantar por los codos, y  algo la moví, pero ni comparación con como la hubiera movido en estado normal. Yo nunca vi a nadie que las pinchara, la experiencia mía sobre eso es la que he contado, la que yo pude vivir.

-¿Ha recibido alguna prueba personal que le haga creer en la veracidad de los hechos?
Yo creo que ellas dijeron la verdad siempre que yo las vi, y estuve presente. Parece ser que en otros casos han negado algo, pero lo que sí creo es que no mentían, yo no puedo decir más. Los éxtasis que yo he visto está claro que no los fingían

-¿Usted cree que lo que ha presenciado tiene alguna explicación natural?
No,  no soy capaz de saber si es o no natural, pero no parece. Vamos, dentro de mi humilde opinión, no parece.

-¿Conoce personalmente a alguna de las videntes?

-¿Y las ha oído contar alguna experiencia que las haya marcado?
Creo que Conchita ha comentado la historia del P. Luis María Andreu, S.J.,  que murió bajando de Garabandal. Creo que ella siempre contó que había tenido una premonición de lo que iba a ocurrir.

-¿Fuera de los éxtasis cómo era el comportamiento de las niñas?
Era muy normal, completamente normal. Eran un poco tímidas, como la clásica niña de pueblo, un poco atemorizada al principio, luego fueron cogiendo confianza, se acostumbraron un poco más a ver gente allí. Nada que hiciera pensar que eran especiales, vamos.

-¿Cómo era la relación de las niñas con la Virgen durante los éxtasis?
Era de mucho respeto y de mucha credibilidad. Los mensajes que ellas decían que recibían de la Virgen se los tomaban muy en serio y los transcribían con mucha seriedad y con mucho rigor.

-¿Recuerda alguno de los diálogos?
Más bien expresiones sueltas como por ejemplo: “Ay no, ay no, eso no”. Cosas de ese tipo como si estuvieran intentando convencer a la Virgen de que parase ese castigo que anunciaban. Y quizá en  algún otro caso, no recuerdo muy bien, un diálogo dulce, pero muchas veces se las notaba como preocupadas por lo que estaban escuchando.

-¿Se las oía también rezar?
Sí, muy bajito, no se las entendía muy bien pero se intuía que rezaban, sí.

-¿Presenció la comunión visible?
No, estuve ese día pero no lo presencié.

-¿Presenció otras comuniones no visibles de manos del ángel?
No.

-¿Presenció alguna vez las llamadas? ¿En qué consistían?
Las veces que estuve casi siempre. La llamada, no era nada especial, consistía en que de repente decían: “He tenido llamada”, era un poquito antes de los éxtasis, percibían que iban a entrar en éxtasis y estaban un poco inquietas, un poco nerviosas.

-Los éxtasis ¿Qué duración tenían aproximadamente?
Variaba mucho. Por ejemplo, de los que yo he visto, los éxtasis que iban acompañado de movimiento, caminando hacia el cementerio o hacia casa de algún vecino, yo calculo unos 20 minutos, media hora. Los que se desarrollaban en casa, un poquito menos, un cuarto de hora.

-¿Con qué frecuencia se daban?
Pues, casi todos los días, porque estábamos en contacto con gente del pueblo y nos decían casi todos  los días que había avisos.

-Y ¿se daba más de uno al día?
No sé si en la misma persona se daban pero sí es verdad que a veces se daban éxtasis en el mismo día a horas parecidas en distintas niñas.

-¿Nos puede describir las marchas extáticas?
Caminaban hacia delante y hacia detrás, y caminaban siempre con la cabeza levantada, mirando al cielo, con los ojos medio vueltos y sin mirar donde pisaban.

-¿Las ha visto caer alguna vez en esas marchas extáticas?
No, no recuerdo haberlas visto caer.

-¿Resultaba fácil seguirlas?
Pues, cuando corrían no, cuando no corrían sí, porque iban a paso un poquito
ligero, pero  paso normal. En la primera experiencia que he contado, cuando echó a correr Conchita, es que volaban, vamos. Yo no podía alcanzarlas.

-¿Se las notaba fatigadas?
-No, no.

-¿Los éxtasis tenían lugar en algún punto concreto del pueblo o podía ser en cualquier sitio?
Podía ser en cualquier sitio. Yo los he presenciado en casa de las niñas, en casa de Conchita, por el pueblo, iban a las casas de la gente del pueblo, siempre con algún fin benéfico, es decir, con el fin de hacer bien.

-¿Cuándo la gente les entregaba objetos para que las besase la Virgen eran capaces de devolvérselos a la persona concreta?
El tema de las medallas y los anillos yo lo presencié en casa de Conchita. Nos dijo que tenía aviso, que iba a tener un éxtasis, nos pidió medallas y anillos, yo creo que estábamos 8 personas o por ahí. Cayó en éxtasis, lo mismo, con los ojos vueltos hacia arriba, mirando hacia al cielo y levantó un conjunto de medallas y anillos como para dárselos a besar a la Virgen y sin cambiar de gesto nos fue dando a cada uno el nuestro.

-¿Usted le encuentra explicación?
Ninguna, no. A un amigo mío, que era la primera vez que subía, que le dio tal impresión que empezó a decir: “el que  diga que esto es mentira, ¡lo mato!”. Explicación ninguna,  y es que además no había truco, es decir, yo no veía truco, porque era muy difícil que estuviera premeditado, no miraban a la persona y le devolvían el objeto que le correspondía. Yo observaba si se ponían un anillo en cada dedo o una medalla que pudieran identificar, pero no era así, las llevaban todas juntas y las daban a besar juntas y luego cogiendo una a una le daban a cada una lo suyo.

-¿Qué tipo de objetos daban a besar normalmente?
Principalmente medallas y anillos, y algunas estampas.

-¿Ha visto fingir alguna vez a las niñas?
No, yo no las he visto fingir.

-¿Usted sabe que en el tiempo de las apariciones se organizó una comisión para estudiar si  esto era verdad?
Algo oí sí. Pero no sé ni quién la formaba, ni tengo detalles de la misma.

-¿Nunca le han entrevistado, ni le han pedido su testimonio?
Nunca, jamás.

-¿Sabe algo de una segunda comisión?
Tampoco.

-Hay un punto que ha causado ciertas reservas respecto a los hechos de Garabandal, es el tema de las negaciones de las niñas. ¿Cómo se explican estas negaciones?
Nosotros vivimos una, vamos a llamarla negación, que no le dimos demasiada importancia. Fue una de las niñas, pero no puedo asegurar quién era. Cuando estaban ya casi finalizando los éxtasis, como que quisieron negar, decir que habían fingido, pero la persona que estaba conmigo y yo no le dimos demasiada importancia porque teníamos la sospecha de que habían recibido alguna presión por algún lado. Eso por una parte, y  por otra, porque éramos testigos de aquellos éxtasis que habían tenido, y vamos, una persona medianamente normal se da cuenta de que aquello no era fingido. Por tanto, a esa negación no le dimos demasiada importancia.

-También se han atrevido a decir que consta la naturalidad de los hechos, que tiene una explicación natural, ¿usted qué piensa de eso?
Yo diría que aquello no era natural, no eran hechos corrientes.  Los éxtasis no eran algo que pudieras pensar que se estaba fingiendo o que estaban premeditados, o que eran estudiados previamente. Como el mundo de la mente es tan complicado y  tan difícil no sé si alguna persona pudiera inducirlas a algo, pero yo me inclino a creer que no.

-¿Usted cree que si todo fuese natural se hubiera podido aguantar el ritmo de apariciones que tenían las niñas?
No es fácil, no. Más bien no hubiera podido ser.

-¿A usted le resultaba cansado seguir los éxtasis?
En absoluto. No solamente no resultaba cansado sino que cuando veías un éxtasis, o dos, o tres, te quedabas con ganas de volver otro día para seguir viéndolos. Y eso que subir a San Sebastián de Garabandal era mucho más costoso que hoy, íbamos con un Land Rover por aquel camino de cabras que había entre Cosío y Garabandal. Íbamos muchas personas, eh.