Download Free Templates http://bigtheme.net/ Websites Templates

juanhervasEntrevista con Dr. Juan A. Hervás Palazón

Juan A. Hervás Palazón, es doctor en Medicina, profesor universitario y especialista en Pediatría. Ha desarrollado su vida profesional en EEUU (Albert Einstein College of Medicine y Harvard Medical School) y en España (Comunidad Valenciana y Mallorca), donde ha sido Jefe de Servicio de Pediatría en dos hospitales. Recientemente se ha jubilado.

 


 

Juan, ¿por qué un médico cree en las apariciones de Garabandal?
Bueno, para creer en algo primero lo tenemos que conocer. Hace veinticinco años yo tuve la suerte de escuchar hablar de las apariciones de Garabandal a un sacerdote y a un obispo, los dos mallorquines: el P. Miguel Lliteras y el obispo Mons. Damián Nicolau. Los dos estaban convencidos de que estas apariciones eran verdaderas.

Con el P. Lliteras pasé una semana en Garabandal en casa del hermano de Conchita, la vidente principal de estas apariciones y, escuchando lo que nos contaba su hermano, leyendo todo lo escrito sobre Garabandal y conociendo otros testigos oculares de aquellos acontecimientos, yo quedé convencido de que estos fenómenos no tenían una explicación natural y que sólo podían explicarse desde el punto de vista sobrenatural.

¿Qué ocurrió allí realmente?
Para resumir, lo que ocurrió fue lo siguiente. Desde 1961 a 1965 cuatro niñas (entre 11 y 12 años) tuvieron más de 2000 apariciones de la Virgen en una aldea aislada de montaña en el norte de España, en la parte cántabra de los picos de Europa. He leído con detalle los informes médicos sobre todo del pediatra de Santander el Dr. Celestino Ortiz y del psiquiatra catalán el Dr. Puncernau, habiendo también informes de otros médicos que valoraron a las niñas. Todos coinciden en señalar que las niñas eran normales, que no presentaban ninguna patología psiquiátrica o de otro tipo y que lo que observaron no tenía una explicación natural.

Las niñas entraban en trance al mismo tiempo, incluso estando en lugares diferentes. Se iniciaba con una hiperextensión brusca de la cabeza, tenían anestesia ocular y de la piel (no notaban los focos de luz en los ojos, los pinchazos y quemaduras en la piel), adquirían una rigidez y un aumento de peso corporal inexplicable (cuatro personas eran incapaces de moverlas), las leyes de la gravedad dejaban de existir y levitaban o tomaban posturas o movimientos anti-gravedad absolutamente imposibles, presentaban carreras en éxtasis a velocidades increíbles sin sudoración o aumento de la frecuencia cardiaca, iban hacia delante o hacia atrás, de pie o de rodillas, subiendo o bajando la montaña (bajaban de la montaña marcha atrás lo que es humanamente imposible) y testigos indican que bajo la lluvia intensa no estaban mojadas en estado de trance. Además, las niñas mostraron otros fenómenos absolutamente inexplicables entre los que destacan: conocimiento del pensamiento o de la vida de las personas, reconocer a personas (sacerdotes vestidos de laico, parejas no casadas, etc.) u objetos ya besados por la Virgen, además de devolver a cada persona su rosario o alianza matrimonial besados por la Virgen sin confundirse nunca, sin mirar y sin posibilidad de conocer previamente de quiénes eran.

¿Por qué entonces no fueron aprobadas por la Iglesia?
Hay que decir que las apariciones de Garabandal no han sido condenadas nunca por la Iglesia, y de hecho siguen abiertas a posteriores estudios bajo el término «no consta la sobrenaturalidad», expresión que significa «no sabemos en el momento actual». Muchas otras apariciones han estado en esta situación hasta que finalmente han sido aprobadas. El Obispo de Santander, al principio de las apariciones, nombró a un psiquiatra, el Dr. Luis Morales, auxiliado por otro médico (el Dr. Piñal), en lo que podríamos llamar un intento de comisión de estudio. Sin embargo, tanto el Dr. Morales como el Dr. Piñal, no cumplieron con su responsabilidad. Estuvieron muy pocas veces en el pueblo (no llegaron a cinco) y dijeron que era un juego de niñas, sin contar con los informes de los médicos que verdaderamente las estudiaron. Años más tarde, en concreto en 1983, el Dr. Morales en una conferencia que dio en el Ateneo de Santander se retractó públicamente y dijo que su informe fue todo mentira.

A mí siempre me ha llamado la atención el número de santos o beatos contemporáneos que han creído en Garabandal y está absolutamente documentado: el P. Pío de Pietrelcina, la Madre Teresa de Calcuta, la Madre Esperanza, la Madre Maravillas de Jesús, Juan Pablo II, y otros actualmente en proceso de beatificación como el P. Nieto, Marta Robin, o el P. Gobbi. También hemos conocido que S. Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, subió a Garabandal en tres ocasiones en el verano de 1962.

Pero sobre todo es bien conocido que el Papa Pablo VI se interesó mucho por estas apariciones, que conoció por medio del Padre Laffineur, y que llamó a Conchita al Vaticano donde acudió con el Padre Luna. Una vez allí le dijo: «Conchita, yo te bendigo y conmigo toda la Iglesia». Pablo VI durante una audiencia concedida al sacerdote jesuita P. Escalada, dijo de las apariciones de Garabandal: «Es la historia más hermosa de la humanidad desde el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, es como una segunda vida de la Santísima Virgen en la tierra y no hay palabras para agradecerlo». En varias ocasiones, tanto Pablo VI como Juan Pablo II, dijeron cuando les preguntaron si se podía difundir estas apariciones: «Dadlas a conocer». La veracidad de esta información está absolutamente contrastada.

No obstante, si bien es importante el apoyo de los Papas a unas supuestas apariciones, la aprobación de las mismas pasa necesariamente por el obispo local y la decisión del ordinario suele recibir posteriormente el visto bueno de la Congregación para la Doctrina de la Fe y finalmente la ratificación del Papa.

El caso de Garabandal está, por lo tanto, en situación de espera de nuevos estudios o acontecimientos y, en mi opinión, seguirá así hasta que se confirme la parte profética en relación al aviso y al milagro futuros.

¿Qué pasó con estas niñas de mayores?
Todas ellas se casaron, tres se fueron a vivir a EEUU al casarse con norteamericanos y una vive en España. Hay que resaltar que las videntes han sido todas unas mujeres humildes, piadosas, fieles a la Iglesia y a lo que el Obispo de Santander les ordenó. Las pocas veces que han hablado en los años 80 fue con permiso del Obispo de Santander, Mons. del Val, y han llevado una vida oculta y dedicadas a sus familias. A día de hoy viven tres de ellas.

¿Con qué intención se pudo aparecer la Virgen en Garabandal?
La Virgen en Garabandal se muestra como Madre Nuestra, preocupada por nosotros, sus hijos. «Habladme de mis hijos», «decidles a mis hijos»: son palabras frecuentes en sus conversaciones con las niñas. También se hace resaltar esta maternidad de María en las palabras del Ave María que Nuestra Madre enseña a las niñas: «Santa María Madre de Dios y Madre Nuestra», y que tanto nos gusta recitar en el Santo Rosario a los que amamos estas apariciones de la Virgen. Es igualmente impresionante en estas apariciones el trato tan humano de la Virgen con las niñas, y sorprende (y puede que escandalice a algunos) que incluso juegue con ellas, como lo haría una madre de la tierra, y se preocupe por todo lo referente a ellas y a los que viven o visitan el pueblo. Estas apariciones tienen aspectos únicos en la historia de las apariciones marianas.

No obstante, la Virgen viene a Garabandal para dar un mensaje para el mundo entero. Dos son los mensajes de la Virgen en Garabandal, y son los siguientes.

El primer mensaje del 10 de octubre de 1961:

«Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia. Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia. Pero antes tenemos que ser muy buenos. Si no lo hacemos nos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa, y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande».

El segundo mensaje del 18 de junio de 1965 (a través del Arcángel San Miguel pues le daba pena hacerlo ella):

«Como no se ha cumplido y no se ha dado mucho a conocer mi mensaje del 18 de octubre, os diré que este es el último. Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando. Sacerdotes, Obispos y Cardenales van muchos por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas más almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debemos evitar la ira de Dios sobre nosotros con nuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con alma sincera, Él os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del Arcángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente y nosotros os lo daremos. Debéis sacrificaros más, pensad en la Pasión de Jesús».

En resumen, las apariciones de Garabandal nos vienen a recordar los siguientes aspectos de la doctrina de la Iglesia: la Virgen es Nuestra Madre («Yo soy vuestra Madre»), creed en Dios y amadle, sed buenos, arrepentíos de vuestros pecados y haced penitencia. Visitad con frecuencia al Santísimo, es decir que pongamos a Jesús Eucaristía en el centro de nuestra vida, y que meditemos en la Pasión de Jesús.  Pero, en estas apariciones, la Virgen también dijo algo que no gustó a muchos y que, efectivamente, era difícil de entender entonces. Dijo: «Sacerdotes, Obispos y Cardenales van muchos por el camino de la perdición y con ellos arrastran a muchas almas».  Me parece muy improbable que unas niñas de doce años de un lugar apartado de la España rural de los años 60 pudieran inventar algo semejante, pero hoy vemos que esta afirmación ha sido totalmente profética si analizamos la situación actual de la Iglesia. Y también dijo la Virgen que el mundo recibiría un aviso de la existencia de Dios, que tras él un milagro ocurriría en Garabandal en el que los enfermos curarán y los pecadores se convertirán, y que si no cambiamos nos vendrá un castigo.

¿Qué beneficios podemos tener con creer en estas apariciones?
Para mí, en concreto, el mayor efecto que ha tenido ha sido el aumentar mi amor por la Virgen y, con ello, acercarme más y amar más a Dios. El saber que no estoy huérfano, que tengo una madre que me quiere y me cuida, me ha dado una gran alegría y una gran esperanza. Un joven sacerdote de 36 años, el P. Luis María Andreu, vio un día a la Virgen al principio de las apariciones, y esa misma noche cuando bajaba del pueblo en coche decía: «Que suerte el tener una madre tan buena en el cielo, hoy es el día más feliz de mi vida», y diciendo esto murió. No tenía ninguna enfermedad conocida, ni mostró ningún síntoma para pensar en un infarto. Yo también creo que el P. Andreu murió de pura felicidad.

 

Las cookies facilitan la prestación de nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, usted acepta que utilizamos cookies.