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laffineurEl P. Laffineur

MISIONERO DE GARABANDAL

 

 


El P. Materne Laffineur fue uno de los primeros promotores fuera de España de las apariciones de Garabandal. Testigo de varios éxtasis, confidente de las videntes, sacerdote celoso y de gran hondura espiritual, recogió sus experiencias y reflexiones sobre lo vivido en Garabandal en un libro que tituló «La Estrella en la montaña».

De su valía personal nos hablan las dieciséis condecoraciones recibidas en las dos guerras en las que participó. Y de su profunda espiritualidad y de su amor a la Virgen de Garabandal nos van a hablar estas frases —entresacadas de sus cartas y cuadernos— y que se recogieron en el recordatorio que se distribuyó entre sus familiares y amigos tras su fallecimiento.

Les ofrecemos a continuación, la traducción íntegra del recordatorio del P. Laffineur, como homenaje a este sacerdote enamorado de María Santísima de Garabandal.

 

«¡Jesús, Jesús, oh Jesús!» (Estas fueron sus últimas palabras).

Señor, por intercesión de Nuestra Señora de Garabandal, concededle la alegría y felicidad eternas a nuestro querido Padre Materne Laffineur.
Nacido en Walcourt (Bélgica) el 27 de agosto de 1897.
Veterano en dos guerras (16 decoraciones).
Ordenado sacerdote en Namur (Bélgica) el 22 de noviembre de 1924.
Dominico.
Colaborador del proceso canónico de las apariciones de Beauraing (Bégica).
Párroco de Rousseloy (Oise, Francia) de 1949 a 1957 y sucesivamente de Mars-sur-Allier (Nièvre, Francia) de 1957 a 1967.
Misionero infatigable de la Santísima Virgen María.
Llamado por Dios el 28 de noviembre de 1970 en un arranque de amor a Jesús y a María.

Mamá y vosotros, amados míos, me ofrecisteis al buen Dios. Me entregué completamente a Él por medio de la Santísima Virgen María y en Ella.
Alegraos, soy feliz. ¡Oh, cuánto os lo agradezco!
Sacerdote y soldado. Dios mío, ¡qué hermoso!
(Desde las trincheras. 26 de agosto de 1917).

Una vez tuve un sueño: el de haber vivido en la época de Juana de Arco para ser simplemente uno de sus hombres de armas, que habría estado junto a ella para luchar como ella y con ella. (15 de octubre de 1967).

No saber arriesgar
es dejar de ser un líder.
Vivir,
es actuar,
es luchar,
es vibrar,
es hacer vibrar a los demás...
¡Es vencer!
Cardenal Mercier (Máxima que hizo suya el P. Laffineur)

¡Garabandal!
Hay que luchar.
Hay que ser un general.
Hay que tener un ejército.
Hay que conducirlo a la victoria.
Vivir Garabandal,
Es el sueño ideal.
Es la más bella de las aventuras.
(15 de octubre de 1967. P. Laffineur)

Rogad por mi conversión.
Sí, de un poco de amor a Jesús... a mucho amor a Jesús. (1969).

El Señor me conduce por un camino a menudo muy doloroso que es, sencillamente, el de la gran vida intelectual de la razón.
Nunca hay nada inútil en nuestra vida. «Los lugares adonde Dios nos dirige: todo es providencial».
¡Qué hermosa es la vida para los soldados valientes e invencibles con corazón de niño!
(Mayo o junio de 1969)

Permanezcamos juntos, tan pequeños como nuestra querida Teresita, pero firmes en la fe, como San Pedro quiere: «Estote fortes in fide». Firmeza que da libertad y mantiene inquebrantable la fe del rebaño. (13 de enero de 1970).

Los dones del Espíritu Santo se encargan de todo, particularmente el de piedad, que Teresita se encargó de explicar al mundo al vivirlo ella misma de una manera prodigiosa. Somos los «niños infinitamente pequeños de su Amor», y nuestro canto es el Magnificat de la más pequeña de todos: Nuestra Señora de Garabandal. (19 de marzo de 1970).

Sabemos muy bien que se debe redimir al mundo a través de la sangre, la de verdad. También la de nuestros corazones. (28 de marzo de 1970).

Agradezco a Dios por haber envejecido con su Amor Misericordioso. (1 de abril de 1970).

Nada es imposible para quien tiene fe, porque hay que vivir la fe desnuda.
26 de agosto de 1970

Siempre es así la subida al monte Carmelo, y siempre es así también en Garabandal. No hay otra vida, no hay otro camino que el de la penitencia, el sacrificio y la humillación.
Porque Garabandal es la soledad del Carmelo... es la soledad de Juan de la Cruz, es la soledad de Teresa de Ávila y es también la soledad de Teresita. (26 de agosto de 1970).

En la vida espiritual a veces es necesario estar un poco loco. Es necesario tener esa locura de la fe, esta locura del amor... Es necesario tener aquello que va más allá de lo que uno puede ver y oír. Es necesario darse. (26 de agosto de 1970).

Mis deseos: ¡Jesús! Solo te pido una cosa: amarte cada vez más y un día morir de amor. Eres libre de elegir Tú mismo las expresiones externas de este amor, la manera visible de mi muerte.
Madre, Tú que desde la montaña de Garabandal miras el horizonte donde estamos esta noche, ven, desciende, quédate, tómanos en tus brazos y termina lo que empezaste. (27 de agosto de 1970).

El momento es grave... ¡Bueno! Pues si es necesario, me ofrezco al martirio. (30 de agosto de 1970).

Desde las profundidades místicas de nuestro Garabandal, adelante en la unión con Jesús y con Nuestra Señora, para la salvación de las almas; a través y por medio de esta unión. (18 de noviembre de 1970)

 

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