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¿Qué lugar tienen las locuciones en Garabandal?

El P. José Luis Saavedra escribe en "Garabandal: Mensaje de esperanza": «Las apariciones, suspendidas a partir de enero de 1963, van a ser sustituidas por locuciones interiores, tanto de Jesús como de María. […] Las videntes, al perder las visiones, pierden también en 1963 por primera vez la certeza sobre las apariciones. Comienza así lo que se ha dado en llamar la etapa de "las negaciones". La Virgen, apunta Conchita, desde el principio había anunciado estas negaciones».

Para Conchita, las locuciones comenzaron en marzo de 1963. Estaba dudando de las apariciones. Escribe ella:
«Un día, estando en mi habitación, dudando de si vendría el milagro, oí una voz que me decía: "Conchita, no dudes de que mi Hijo hará un milagro". Esta voz la sentí en mi interior, pero tan clara como si fuera con los oídos, mejor aún que si fuera con palabras. Me dejó una paz y una alegría tan profunda..., mayor que cuando veía a la Virgen».

En marzo de 1965, tras dos años de locuciones, prácticamente sin ninguna aparición, Conchita afirma: «Me gusta mucha ver a la Virgen; pero me gusta más que me hable interiormente, porque parece estar dentro de mí». Esta afirmación manifiesta la predilección de Conchita por las locuciones. Y no es de extrañarnos esto, porque coincide con cuanto enseña la Teología Mística. En su libro "Teología de la perfección cristiana", el P. Royo-Marín dice que las locuciones se distinguen de las visiones «en que son fórmulas que enuncian afirmaciones o deseos», sin realizarse a través de imágenes de ningún tipo. Dice que las locuciones pueden ser captadas de tres formas: por el oído, la imaginación o el entendimiento.

Volviendo al libro del P. José Luis Saavedra, él nos dice:
«A la luz de la descripción del diario de Conchita, las locuciones de Garabandal parecen de tipo intelectual, ya que, al no contar con palabras ("la voz se escucha -dice ella- mejor aún que si fuera con palabras"), no convienen con la clasificación teológica de las locuciones auriculares o imaginarias. Son, pues, locuciones intelectuales, "directamente percibidas por la inteligencia, sin que medien los sentidos o la imaginación, a la manera como los ángeles se comunican pensamientos"» (Las tres edades de la vida interior, Garrigou-Lagrange).

Esto nos trae a la mente lo que decía Santa Teresa: «Es un hablar sin palabras, que es el lenguaje de la patria» (Vida, c.XXVII).

Aunque las locuciones de Garabandal no siempre fueran con previo recogimiento, sino sorprendiéndolas, no por eso quitaban la paz a las niñas. Al contrario, como hemos leído del diario de Conchita: «me dejó una paz y una alegría tan profunda…».

El paso a las locuciones señala a un crecimiento espiritual en las videntes, aunque únicamente las tuvieron Conchita y Mari Loli.

Entre las locuciones, se encuentran diálogos verdaderamente hermosos. El 20 de julio de 1963, Conchita (con 13 años), en la acción de gracias después de misa, le pide cruz al Señor:
«Y Jesús, cuando yo se lo estaba pidiendo me contestó: "Sí, te daré la cruz". Y yo con mucha emoción le iba pidiendo más» (Diario de Conchita, 81).

Aquí vemos que cuanto más gracias recibe un alma, mas deseosa está de sufrir y de dar todo al Señor. Tomemos esto como una lección. El Señor se lo merece todo. Todo es gracia y don, y solo queda responder con nuestro sí a lo que Él nos pida, sean cosas grandes o pequeñas.

 

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