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  • Para profundizar

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las casas

En sus éxtasis, las niñas entraban en las casas

En su libro "Garabandal: mensaje de esperanza", el P. José Luis Saavedra nos habla de las visitas que hacían las niñas en sus éxtasis a las casas. Este hecho tan extraordinario nos recuerda que el Señor y Nuestra Madre también visitan nuestras casas y quieren tener un lugar en ellas. Debemos abrirles la puerta y dejarles entrar, para que nuestros hogares sean verdaderas "Iglesias domesticas" en los que reinen el amor, la fe y la paz.

El P. José Luis se basa en el testimonio de un testigo de Garabandal, Simón González.

«En sus éxtasis, las niñas entran en las casas: "Todas las casa del pueblo las visitaron, todas". "Cuando rezaban en éxtasis [en las casas] era muy emocionante…". Dan su cruz a besar a los presentes, hacen la señal de la cruz en los más variados lugares: "Iban a las cabeceras [de las camas] e igual aquí hacían una cruz sola, pues era señal de que dormía allí una persona sola. Si hacían dos, pues que allí dormían dos, un matrimonio o hermanos… [sin equivocarse nunca, sin conocer la casa] Era exacto". Nunca las vio nadie equivocarse, antes al contrario, adivinaban cosas impensables: en una cama, por ejemplo, "hicieron una cruz a los pies y otra a la cabecera". Y resultó que, sin haber más que una almohada, en esa cama dormían así, de lado, dos hermanas de casa Tiva.

Si las niñas visitan en éxtasis las casas del pueblo, hacen especial hincapié en las de los enfermos y difuntos. Simón González recuerda cómo las niñas en éxtasis, "cuando moría alguno, rezaban una estación allí, al lado del cadáver… Ellas rezaban y nosotros contestábamos; pero ¿hablar? Ni una palabra, nada más que rezo, y después se marchaban. Y a los enfermos también iban, pero no rezaban, nada más que santiguarles"
(Del libro "Garabandal: Mensaje de esperanza", del P. José Luis Saavedra)

Podemos imaginar el alivio y la alegría que estas visitas producían en las familias de aquellas casas donde la Virgen quiso entrar. Las marchas extáticas de las niñas eran para bendecir, consolar y acompañar.

 

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