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  • Para profundizar

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phillipi

Mons. Manuel Pío López, Arzobispo de Jalapa (México), escribió una carta —fechada el 8 de julio de 1966— por la que, no solo permitía la difusión de las apariciones de San Sebastián de Garabandal en su diócesis, sino que incluso describía los motivos por lo que lo hacía y facilitaba las fuentes a través de las que había obtenido información favorable a los sucesos. La carta va dirigida al P. Gustavo Morelos, que era precisamente quien le había solicitado el permiso para poder difundir los mensajes de Garabandal en su archidiócesis.

Las palabras del arzobispo manifiestan una cálida acogida y un profundo conocimiento de los hechos de Garabandal: «Teniendo en cuenta las indicaciones de la Santa Sede y del Exmo. Ordinario de Santander (España), así como lo prescrito por el Código de Derecho Canónico, aprobamos y bendecimos la publicación del Mensaje de la Stma. Virgen en Garabandal en nuestra Arquidiócesis, sabiendo que, a la luz de la Divina Revelación, nos urge la necesidad de la oración y del sacrificio, del culto a la Sagrada Eucaristía y a la Stma. Virgen María, y la obediencia, amor y adhesión filial al Vicario de Cristo y a la Sta. Iglesia».

Mons. Pío López justifica su postura en, primer lugar, por el contenido mismo de los mensajes, de los que asegura: «No encontramos en este mensaje, atribuido a la Stma. Virgen, nada contrario a la fe y a las costumbres, y sí oportunas, útiles y saludables amonestaciones para obtener la salvación eterna». El arzobispo clarifica además que las apariciones de Garabandal no están condenadas, para que nadie malinterprete en este punto la actitud de prudencia de la Iglesia. Por eso afirma: «La prudencia de la Santa Iglesia en relación a este importante asunto se ha manifestado en el estudio atento y pastoral vigilancia, y de ninguna manera, en prohibición y rechazo del mismo».

Pero el Arzobispo de Jalapa cuenta con otra importante razón que es, seguramente, lo que le anima a expresarse con tanta libertad en apoyo de los hechos en cuestión, y es el conocimiento directo de unas declaraciones de Mons. Philippi, oficial de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe en tiempos del Cardenal Ottaviani, a favor de las apariciones de Garabandal. Afirma el prelado: «Uno de los oficiales de la Sagrada Congregación para la Defensa de la Fe, Mons. Philippi, declaró al Revdo. Padre Elías, Superior del Carmelo en la ciudad de Puebla, que lo consultó en Roma sobre las apariciones de la Stma. Virgen en Garabandal, que el hecho de que el P. Pío, reconocido por su virtud, ciencia y adhesión a la Santa Sede, apruebe estas apariciones, y aliente a las cuatro niñas videntes a propagar el Mensaje de la Stma. Virgen, es una prueba de la veracidad de las mismas».

Realmente, en el párrafo citado, el argumento de «autoridad» no es tanto el P. Pío cuanto lo que nos transmite acerca del «sentir» de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el asunto «Garabandal». Un oficial de este importante dicasterio romano no se habría atrevido a hacer semejante afirmación si la impresión de la Congregación sobre las supuestas apariciones fuera negativa, independientemente de la posición del P. Pío al respecto. Esta fue la opinión de D. Julio Porro Cardeñoso —canónigo de Tarragona y canonista de gran prestigio— al conocer la declaración de Mons. Philippi, a la que considera «implícita impresión que él puede tener de cómo se piensa en la Sagrada Congregación en torno a Garabandal». Por eso, D. Julio, con la experiencia que acumulaba sobre el modo de actuar en la Sada Sede, afirmó: «Algo barrunta la declaración de Mons. Philippi».

Pueden leer el texto completo de la carta en la fotografía que acompaña el artículo.

 

 

 

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