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  • Oraciones

    Oraciones de la época de las apariciones
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Oración por las almas del purgatorio

Les ofrecemos esa antigua oración a las almas del purgatorio que los hoy mayores de San Sebastián de Garabandal aprendieron de la boca de sus mayores, y con la que —generación tras generación— han acudido en auxilio de las almas de sus familiares y amigos sufrientes en el purgatorio. Ojalá esta oración nos ayude a interiorizar a nosotros mismos esta importante enseñanza: cada una de nuestras palabras, acciones y omisiones tienen resonancias eternas. Nadie entra en el Cielo sin antes haberse purificado perfectamente. Y es una obra de misericordia rezar por las almas del purgatorio. Difundamos esta oración. Un día podemos necesitar que la recen por nosotros.

 

almas purgatorio

Cementerio Garabandal anos 60En San Sebastián de Garabandal, era costumbre arraigadísima —como en toda la tradición de la Iglesia católica— la oración por las almas del purgatorio. La misma Virgen, durante los éxtasis, llevará muchas veces a las niñas al cementerio para rezar por los difuntos. Los testigos recuerdan escenas estremecedoras, como esa vez que, entradas en el camposanto Conchita y Mari Loli, posaban el crucifijo que llevaban en la mano sobre cada tumba y luego se lo daban a besar a la Virgen. O esa otra, en la que Conchita introdujo su cruz a través de las rejas de la puerta, y parecía que estaba dándolo a besar a las almas que solo ella veía. «Hasta los corazones más duros se conmovían», recuerda Maximina González.

El brigada de la Guardia Civil, don Juan Álvarez Seco, anota en sus memorias sobre las apariciones de la Virgen en San Sebastián de Garabandal: «Las costumbres de sus habitantes son primordialmente religiosas. Jamás olvidan, bajo pretexto alguno, el rezo del Angelus, tan pronto como el reloj señala las doce horas del mediodía. Por la tarde, rezan el Santo Rosario dirigido por el cura párroco y, en su ausencia, por la maestra o por la viuda Maximina. Al entrar la noche, la mujer de Simón —y madre de la vidente Jacinta— sale por el pueblo con un farol y una campanilla, y recuerda a todos los moradores las últimas oraciones de la jornada».

Entre esas últimas oraciones que nombra el Brigada, en todas las casas, había un recuerdo muy especial por las almas del purgatorio. De la boca de Manolita Mazón, hemos recuperado una de esas oraciones que es, en sí misma, una hermosísima catequesis sobre el purgatorio y sobre la relación —estrechísima— que debemos tener con las almas que lo habitan. Razón tiene ese antiguo principio: «Lex orandi, lex credendi», que viene a decir que aquello que rezamos es aquello en lo que creemos, porque la oración va empapando nuestro corazón de las verdades eternas que proclaman nuestros labios. «La Iglesia cree como ora», dice el Catecismo de la Iglesia Católica (1124).

Les ofrecemos esa antigua oración a las almas del purgatorio que los hoy mayores de San Sebastián de Garabandal aprendieron de la boca de sus mayores, y con la que —generación tras generación— han acudido en auxilio de las almas de sus familiares y amigos sufrientes en el purgatorio. Ojalá esta oración nos ayude a interiorizar a nosotros mismos esta importante enseñanza: cada una de nuestras palabras, acciones y omisiones tienen resonancias eternas. Nadie entra en el Cielo sin antes haberse purificado perfectamente. Y es una obra de misericordia rezar por las almas del purgatorio. Difundamos esta oración. Un día podemos necesitar que la recen por nosotros.

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Oración por las almas del purgatorio
Rezada en San Sebastián de Garabandal desde tiempo inmemorial.

Esposas muy queridas del Señor que,
encerradas en la cárcel del purgatorio,
sufrís indecibles penas careciendo de la presencia de Dios
hasta que os purifiquéis —como el oro en el crisol—,
de las reliquias que os dejaron las culpas.
¡Con cuánta razón desde aquellas voraces llamas
clamáis a vuestros amigos pidiendo misericordia!


Yo me compadezco de vuestro dolor

y quisiera tener caudal suficiente
para satisfacer por vosotras a la justicia divina.
Pero, siendo más pobre que vosotras mismas,
apelo a la piedad de los justos,
a los ruegos de los bienaventurados,
al tesoro inagotable de la Iglesia,
a la intercesión de María Santísima
y el precio infinito de la Sangre de Jesucristo.
Concédeles, Señor, a esas pobres almas
el deseado consuelo y descanso.

Pero confío también, almas agradecidas,
que tendré en vosotras poderosas medianeras
que me alcancen del Señor gracia
con que deteste mis culpas,
adelante en la virtud,
sojuzgue mis pasiones
y llegue a la eterna bienaventuranza
por toda la eternidad. Amén.

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