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Entrevista a Esmeralda Pérez

 Publicado en: www.peliculagarabandal.com

Autor: peliculagarabandal.com
Fecha: 18 de diciembre 2017
Ver original aquí

Esmeralda Pérez en «Garabandal, solo Dios lo sabe» da vida a Aniceta, la madre de Conchita, una de las videntes. En la vida real está casada con Rafael Samino quien, a su vez, interpreta a D. Valentín, el párroco del pueblo. Es madre de seis hijos y desarrolla su vida profesional como educadora social. Comparte con nosotros la experiencia vivida tras la participación en el rodaje de la primera película sobre las apariciones de Garabandal.


1.- Esmeralda, junto con tu esposo y cuatro de tus seis hijos, algunos todavía muy pequeños, has participado en el rodaje de «Garabandal, solo Dios lo sabe». Para poder hacerlo, comprometisteis en el proyecto todas vuestras vacaciones de verano. ¿Significa eso que para vuestra familia Garabandal es importante, o lo habéis hecho —simplemente— por amor por el cine o por la aventura?

Si alguien me hubiera pedido que participara en una película por el mero placer de una experiencia novedosa, o por prurito personal, y encima hubiera tenido que liar para ello a toda mi familia, os aseguro que no lo hubiera hecho… No me lo hubiera ni siquiera planteado.
Otra cosa es entender que Nuestra Madre nos pide algo. ¡Ah! ¡Eso lo cambia todo! Si Ella lo quiere, aunque sea la mayor locura del mundo (¡como en este caso!), pues adelante. Normalmente nos dejamos en sus manos y que Ella «dirija el carro». Todos lo hemos entendido así, desde los más pequeños, Miguel y Gabriel de nueve y siete años, pasando por Javier de quince y Santiago de veinticuatro. «Es por la Virgen».
Y sí, por diferentes motivos, Garabandal es muy especial para nosotros. No solo por el lugar en sí, sino por lo que significa y ha significado en nuestras vidas, por lo que esperamos que todavía aún más va a significar, y lo que entraña su mensaje para el mundo.


2.- ¿Cómo lo vivieron tus hijos? ¿Qué papeles interpretan?

Miguel y Gabriel hacen de niños del pueblo, Javier de joven aldeano y Santiago de Manín, el joven maestro que estaba en el pueblo para dar unas clases particulares y al que don Valentín encargó la recogida de informes.
Ellos se metieron en el desarrollo de la grabación como una gran aventura. Lo vivían todo con entusiasmo. Crearon lazos con personas que no serán fáciles de romper. Repetían las escenas una y otra vez sin poner problema. Participaban con nosotros de las Eucaristías y las oraciones… Y se pasaban todo el día dando rienda suelta a su imaginación.
Durante el rodaje, celebramos la Primera Comunión de Miguel. Fue un momento muy entrañable, aunque los invitados (todos los colaboradores de la película, actores, directores…) llevábamos unas ropas un poco extrañas. De hecho, le preguntamos a Miguel si Rafa (Don Valentín en la película) y yo salíamos vestidos como en la película o si mejor de calle. Sin dudarlo, nos dijo: «De calle, por favor. Lo otro no queda bien, mamá».
Meses después del rodaje, lo recuerdan como unos días muy especiales.


3.- ¿Te resultó fácil ponerte en el papel de Aniceta, la preocupadísima madre de Conchita?

No me resultó difícil meterme en el papel de Aniceta. Como madre, es relativamente fácil actuar como hubiera actuado yo en ese caso.
Siempre me planteaba qué habría dicho o hecho yo en esa circunstancia. Imaginaos que viene mi hija y me dice que ha visto un Ángel… ¿¿¿¿¿Mmmmm??????? Creo que la Aniceta de la película está muy comedida para la situación que era.
Aniceta personaliza, en cierto modo, a los padres de todas las niñas. Ellos tienen que sufrir sus propias dudas, las burlas de los vecinos, las incomprensiones de la gente y de miembros de la Iglesia, la constante «persecución» de personas que se acercan a ellas, el sueño y el frío de sus hijas… Creo que es una situación muy dura para cualquier padre.


4.- Todo un mes de grabaciones, con una agenda muy exigente a nivel de horarios, con niños todavía pequeños… Tuvo que ser agotador. Miras para atrás, ¿y cuáles son las imágenes y las anécdotas que te vienen a la cabeza?

Lo que más se me ha quedado grabado es el ambiente de familia que vivimos allí, entre los que estábamos y los que iban llegando. En un momento eras actor, al siguiente montabas decorados, después participábamos de la Eucaristía todos juntos y, al rato, había que preparar las mesas para el almuerzo… para seguir grabando a continuación. Todo ello con una inmensa alegría en el corazón.
    

También «compartíamos» los hijos. Por un lado, si estabas ocupado grabando una escena, sabías que alguien estaba atendiendo a tus hijos y, por otro, cuando tenías tiempo para «tus hijos» atendías a «todos los demás hijos».
    

Me encantaba la confianza y la delicadeza con todos los actores de nuestro director, Brian Jackson (o mejor dicho, el colaborador de Nuestra Directora, la Virgen). Nunca decía: «Esto lo has hecho mal (¡o peor!)». Siempre, al terminar una toma, decía con su acento americano: «Pegfecto, pegfecto….. Vamos a guepetir». Y efectivamente, repetíamos una y otra vez hasta que la toma salía según sus pretensiones.
Quizá el momento más «impactante» fue cuando me incorporé a la grabación y vi por primera vez a mi esposo vestido para la ocasión. Yo ya sabía que hacía de D. Valentín, el párroco del pueblo, pero de ahí a verlo con la sotana puesta… ¡Ay, Madre!


5.- ¿Qué ha supuesto para ti participar en esta grabación?

Con todo lo que recibo de Dios cada día, si Él quería esto…. pues ya está. Hemos pasado unos días preciosos como familia, con una gente maravillosa (quisiera nombrar a todos, pero no me caben), en un lugar privilegiado de la naturaleza, con Nuestra Madre a la cabeza de todo y todo «para la Gloria de Dios». ¿Qué más se puede pedir?

 

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