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Los peregrinos de Garabandal se mantienen fieles a las apariciones medio siglo después

Publicado en: El Diario Montañés

Autor: El Diario Montañes, Cantabria
Fecha: 19 junio 2011

Medio siglo después de las apariciones marianas ocurridas en San Sebastián de Garabandal, el fervor religioso que despierta esta pequeña localidad del municipio de Rionansa sigue muy presente. No es necesario llegar al pueblo para darse cuenta, porque a ocho kilómetros de Garabandal ya aparecen los primeros peregrinos. Doce hombres caminan por la carretera, murmurando oraciones mientras pasan las cuentas de sus rosarios. Son miembros de los Siervos del Hogar de la Madre y proceden de todas partes del mundo: Ecuador, Colombia, Estados Unidos, Irlanda y España. Recorren los trece kilómetros que separan Celis de Garabandal para visitar el lugar en el que la Virgen, presuntamente, se apareció a cuatro niñas del pueblo.

«Queríamos subir caminando hasta el santuario, y qué mejor día que un 18 de junio, aniversario de la primera aparición del Arcángel San Miguel», explica el único español del grupo.

San Sebastián de Garabandal no parece distinto a cualquier otro pueblo de Cantabria: casonas de piedra, calles estrechas y mucho silencio. Sin embargo, todos los caminos parecen conducir al mismo lugar: un pequeño sendero, al pie de una colina, que asciende hasta el santuario de la Virgen de Garabandal.

La primera señal religiosa es una pequeña imagen que conmemora la aparición del Arcángel. Los peregrinos pasan las manos sobre ella antes de emprender la subida hacia el pinar en el que la Virgen se apareció a las niñas cientos de veces. Un grupo de mujeres avanza lentamente, sorteando piedras y hablando de Garabandal.

«Esto se perpetúa por la gente que viene de todos los rincones de la tierra. Es curioso cómo después de 50 años, y a pesar de que la Iglesia no se pronuncia sobre la naturaleza de los hechos, la gente de fe lo mantiene vivo», dice Benita Ceballos.

Su historia con este pequeño pueblo de Rionansa fue un flechazo similar al que vivieron muchos otros antes que ella. «Vine por primera vez en 2005, después de que una amiga me contara que su hijo había experimentado aquí una curación. Viví una experiencia maravillosa y desde entonces me he dedicado a estudiar los hechos y a contrastar las fuentes», explica Benita.

«Pienso que las apariciones son una realidad palpable porque, si no tuvieran un fondo de verdad, las cuatro niñas no habrían podido soportar durante cuatro años las presiones mediáticas de la sociedad y de la Iglesia», asevera. Una de sus compañeras señala a lo alto de la colina: «Nadie que suba a los pinos baja de vacío», sentencia para reanudar la marcha.

Unos metros después, arrodillado ante una de las imágenes de la Virgen de Garabandal, un hombre se aferra a un rosario y reza en silencio. Desde lo alto de la colina, los fieles congregados bajo los pinos entonan canciones, atrayendo a los peregrinos que recorren el sendero. Entre ellos, un grupo de 14 personas, en su mayoría filipinos, que reciben las bendiciones de un sacerdote.

«Venimos desde Inglaterra para visitar Santiago de Compostela, pero antes hemos pasado por otros lugares históricos del catolicismo, como Lourdes, Fátima y Garabandal», comentan. En seguida, la voz cantante la toma una mujer pequeña y enérgica que responde al nombre de Lanette Aquino. Mezcla el inglés con el castellano, pero el mensaje es claro: «Garabandal es muy real, porque en una de mis anteriores visitas se me apareció la Virgen, vestida de negro, en varias zonas del pueblo». Sus compañeros asienten y ella llora al recordar la experiencia.

La subida hacia el pinar es una torre de Babel por la que transitan idiomas y nacionalidades bajo una misma fe. El grupo más numeroso lo forman 55 irlandeses que llegaron el día anterior para vivir el aniversario de las apariciones. Otros ascienden en solitario, con el rosario en la mano, elevando sus plegarias ante las imágenes que señalan el camino.

Todos ellos se reúnen en los pinos, donde la figura de la Virgen acapara las miradas. Se trata de una pequeña escultura situada sobre el mayor de los pinos. A su alrededor, un grupo de monjas canta a la Virgen mientras el resto de peregrinos acompañan algunas de las notas. Un camino continúa el ascenso más allá de la explanada y serpentea por la falda de la montaña hasta la cima, donde apenas se ve un puñado de fieles. Es el camino del rosario y representa la Pasión de Jesucristo.

Misa en la calle
A la hora del almuerzo, la actividad del pueblo se paraliza y un silencio sepulcral se adueña de las calles empedradas. A las cinco en punto, los peregrinos acuden a su cita con un estudioso de estos fenómenos, José Luis López. Se exponen diapositivas y se habla de Garabandal: «Es el inicio de una de las historias más bonitas de las apariciones marianas», explica el experto.

Antes de que caiga la noche en el valle, el repicar de las campanas convoca a los fieles para celebrar la Eucaristía. La Iglesia está siendo reformada, así que la misa se realiza en el patio adyacente. Sobre un altar improvisado, el párroco espera a su rebaño, que se acerca en pequeños grupos. No hay asiento para todos, y los vecinos cogen taburetes y sillas de jardín, pero siguen siendo demasiados. Entre los presentes se encuentra Jacinta González, una de las cuatro niñas que vivió las apariciones. Ahora tiene más de 60 años, pero los fieles besan su crucifijo como cuando era niña y entraba en éxtasis.

Todavía queda un capítulo por escribir en la historia de Garabandal. Conchita González dijo que, en su último mensaje, la Virgen le comunicó que estaba por llegar un gran milagro y ocho días antes de producirse aparecería para anunciarlo. Benita Ceballos afirma, henchida de fe, que «será algo que estará en el cielo, que no se podrá tocar, pero tampoco se podrá borrar».

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