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  • Apariciones marianas

    Apariciones marianas

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La vidente

BERNADETTE SOUBIROUS
Bernadette Soubirous nació en Molino de Boly, el 7 de enero de 1844. Años después, la familia se trasladó a Lourdes. Allí, el 11 de febrero de 1858, tuvo lugar la primera aparición de la Nuestra Señora de Lourdes.


Las apariciones

El 11 de febrero de 1858, Bernadette fue con su hermana y con una amiga a la gruta de Massabielle, a la orilla del río Gave, para recoger leña y pequeños troncos. Las otras dos muchachas se adelantaron, mientras ella se quedó atrás, descalzándose para cruzar el arroyo. Entonces, oyó un ruido como de una ráfaga de viento, levantó la cabeza hacia la gruta y vio a la Virgen: "Vi a una Señora vestida de blanco: llevaba un vestido blanco, un velo también de color blanco, un cinturón azul y una rosa amarilla en cada pie". Bernadette hizo la señal de la cruz y rezó el rosario con la señora. Terminada la oración, la señora desapareció.
Tres días después, el 14 de febrero, a pesar de que sus padres se lo habían prohibido, Bernadette sintió interiormente un fuerte impulso para volver a la gruta. Insistió, y su madre, finalmente, cedió y le dio permiso para ir. Allí rezó un misterio del rosario y, al terminar, se le apareció de nuevo aquella señora. Le echó agua bendita, pero la señora sonrió e inclinó la cabeza. Una vez que habían rezado el rosario, al igual que la primera vez, la señora desapareció.
El día 18, la señora le habló por primera vez. Bernadette le ofreció un papel y una pluma para que escribiese su nombre, pero la visión le dijo que no era necesario, y añadió: "No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro. ¿Quieres hacerme el favor de venir aquí durante quince días?".
El día 19, tuvo lugar una aparición breve y silenciosa. Bernadette llegó a la gruta con una vela bendecida y encendida. En esto tiene su origen la costumbre de llevar velas para encenderlas en la gruta.
Entre los días 20 y 23, la Virgen se apareció a Bernadette, instruyéndola y dándole mensajes solo para ella. La niña no hablaba de otra cosa más que de "aquello".
El día 24 de febrero, la señora le dijo: "¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia! Ruega a Dios por los pecadores. Besa la tierra en penitencia por los pecadores".
Del día 25, Bernadette cuenta: "Me dijo que fuera a beber de la fuente… No encontré más que un poco de agua fangosa; al cuarto intento, conseguí beber; me mandó también que comiera de la hierba que había cerca de la fuente. Luego, la visión desapareció y me marché". La gente le decía que estaba loca, pero ella respondía con toda sencillez: "Es por los pecadores".
Los días 26 y 27, las apariciones fueron silenciosas. Bernadette bebió del agua del manantial e hizo gestos de penitencia.
El 1 de marzo sucedió el primer milagro. Había más de mil quinientas personas reunidas. Durante de noche, Catalina Latapie acudió a la gruta, mojó su brazo dislocado en el agua del manantial, y este recuperó la agilidad.
El día después, 2 de marzo, la Señora le encargó que dijera a los sacerdotes: “Que se construya aquí una capilla y que se venga en procesión". Cuando Bernadette transmitió el mensaje de la señora al cura de Peyra-male, este le pidió que le diera el nombre de aquella señora. Exigió también una prueba, que floreciera en invierno un rosal silvestre en la gruta.
Cuando lo comunicó a la Virgen el día siguiente, recibió como repuesta una simple sonrisa. El párroco volvió a insistir en que, si de verdad quería una capilla, tenía que dar su nombre y hacer florecer el rosal de la gruta.
El día 4 de marzo, último de los quince días, la visión permaneció silenciosa. Durante los siguientes veinte días, Bernadette no acudió a la gruta. El día 25 volvió, y la visión, finalmente, le reveló su nombre. Bernadette lo relata así: "Levantó los ojos hacia el cielo, jurando en signo de oración las manos que tenía abiertas y tendidas hacia el suelo, y me dijo: yo soy la Inmaculada Concepción”. Bernadette salió corriendo y fue repitiendo aquellas palabras durante todo el camino, hasta llegar al lugar donde se encontraba el sacerdote. Ella ignoraba el contenido de la expresión teológica y que tan solo 4 años antes, el papa Pío IX había declarado el dogma de la Inmaculada Concepción.
La última aparición de Lourdes tuvo lugar el 16 de julio. Aquel día, Bernadette sintió la llamada a ir a la gruta. Fue y se encontró allí con la Virgen. "No veía más que a la Virgen. ¡Jamás la había visto tan bella!".

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