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  • Fiestas marianas

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madre

La Solemnidad de "Santa María, Madre de Dios" es la más antigua que se conoce en Occidente.
Los cristianos de Egipto, según un antiguo testimonio del siglo III, se dirigían a María con esta oración: "Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios: no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita".

En el siglo IV, el término "Theotokos" (Madre de Dios) se usaba con frecuencia tanto en Oriente como en Occidente. Sin embargo, en el siglo V, el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios. Él no pudo admitir la unidad de la persona de Cristo e interpretó erróneamente la distinción entre las dos naturalezas: divina y humana. Los obispos, reunidos en el Concilio de Éfeso (año 431), afirmaron la subsistencia de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona del Hijo, declarando a la vez que: "La Virgen María sí es Madre de Dios, porque su Hijo, Cristo, es Dios". Esta declaración fue seguida de una gran procesión en la que, llevando antorchas encendidas, iban cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

El Catecismo de la Iglesia Católica dice: "María es verdaderamente Madre de Dios,' porque es la Madre del Hijo Eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo" (nº 509).

San Juan Pablo II, en noviembre de 1996, hablando del título "Madre de Dios", dijo: “La expresión 'theotokos', que, literalmente, significa ‘la que ha engendrado a Dios’, a primera vista puede resultar sorprendente, pues suscita la pregunta: ¿cómo es posible que una criatura humana engendre a Dios? La respuesta de la fe de la Iglesia es clara: la maternidad divina de María se refiere solo a la generación humana del Hijo de Dios y no a su generación divina”. Y añadió: “El Hijo de Dios fue engendrado desde siempre por Dios Padre y es consustancial con él. Evidentemente, en esa generación eterna María no intervino para nada. Pero el Hijo de Dios, hace dos mil años, tomó nuestra naturaleza humana, y entonces María lo concibió y lo dio a luz” (Audiencia general - 27 de noviembre, 1996).

¿Y qué significado tiene esta fiesta para nosotros? Hoy podemos recordar que María no solo es Madre de Dios, sino que es Madre Nuestra. Desde la cruz, Jesús nos dio a su Madre, nos la entregó para que la acogiéramos entre nuestras cosas. Es para quedarnos asombrados que Jesús nos hiciera un regalo tan grande. Nuestra exclamación debe ser semejante a la de santa Isabel: “¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?” (Lc. 1, 43). Llenos de este estupor, solo nos queda dar gracias a Dios y dirigirnos a María con confianza filial. Podemos confiarle todas nuestras cosas, nuestras peticiones y preocupaciones. Ella ora por nosotros y nos enseña a abandonarnos con Ella a la voluntad de Dios.

 

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