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Pensamiento mariano para el mes de diciembre

"Como dos amigos que se frecuentan suelen parecerse también en las costumbres, así nosotros, si conversamos familiarmente con Jesús y la Virgen, al meditar los misterios del rosario y formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto" (Beato Bartolo Longo).

Bartolo Longo nació el 10 de febrero de 1841 en Latiano, provincia de Brindisi (Italia). Llegó a Nápoles para completar sus estudios en el año 1863. Allí, a través de profesores y malas amistades, se metió en el mundo del espiritismo y abandonó por completo la fe católica en la cual había sido educado. El malestar, los asaltos del demonio y una tristeza profunda le llevaron a querer buscar ayuda. La encontró en un profesor católico que le dijo unas palabras que fueron para Bartolo una sacudida: “¡Vas a morir en el manicomio y además te vas a condenar para toda la eternidad!”. Acudió después a un religioso dominico, el padre Alberto Radente, y el día del Sagrado Corazón de 1865 se confesó y volvió a la Iglesia. Eso causó una gran alegría a su familia que, desde su alejamiento de la fe, no había cesado de pedir a Dios la gracia de la conversión. Tras su conversión, le empezó a atormentar un pensamiento: ¿Cómo podría salvarse después de la vida pasada que había llevado? Sintió en su interior una voz que le decía: "Si propagas el Rosario, te salvarás". Entendió que esa era su vocación, la de difundir el rezo del Rosario y la devoción a la Virgen del Rosario. Ya en vida vio la fundación de varias obras en favor de ello y su extensión por el mundo. Se levantó una iglesia grande en honor de la Virgen del Rosario. Pero no solo, también ayudó en diversas obras de caridad cristiana dirigidas, sobre todo, hacia huérfanos y pobres. Murió el 5 de octubre de 1926 y fue beatificado por el Papa Juan Pablo II el 26 de octubre de 1980.


sainte vierge

Palabras de la Virgen a Sta. Catalina Labouré

«Este globo que ves [a los pies de la Virgen] representa el mundo entero, especialmente Francia y cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden».
 

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s ildefonso

San Ildefonso de Toledo

«Por esto yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso tú eres mi Señora, porque eres esclava de mi Señor. Por esto yo soy esclavo de la esclava de mi Señor, porque tú, mi Señora, has sido hecha Madre de mi Señor. Por esto yo he sido hecho tu esclavo, porque tú has sido hecha Madre de mi Hacedor».
 

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Sta. Maravillas de Jesús

«He tomado a la Virgen Santísima por Madre de un modo especial, y Ella es la encargada también de prepararme, protegerme y ampararme. ¡Qué buena es esta dulcísima Madre!».
 

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Beato Charles de Foucauld

«Mi buena Madre, Madre del Perpetuo Socorro, tú, a quien me he confiado y consagrado hace ya algunos años, y que tan bien me has socorrido y tan fiel me has guardado y conducido, mi buena Madre, estréchame junto a ti. Yo me pongo en tus manos como un pequeño. Me abandono a ti como un niño en mantillas. ¡Guárdame, guarda mi corazón! Haz que en esta noche, en este día y siempre, yo y todos los que Jesús quiere ver junto a sí, podamos compartir sin cesar tu amor, tu mirada, tu adoración de nuestro Señor».
 

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La Virgen de Fátima

En su segunda aparición en Fátima, la Virgen dijo a Sor Lucía:
«Y tú, ¿sufres mucho? No desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios» (Palabras de la Virgen a Sor Lucía en Fátima, en la segunda aparición, el 13 de junio de 1917).
 

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s buenaventura

San Buenaventura

«No temen tanto los soldados un copioso ejército de enemigos como teme el poder del infierno al oír el nombre de María».

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s catalina siena

Santa Catalina de Siena

«¡Santísima Virgen, no mires mi debilidad, sino dame la gracia de tener como esposo a aquel a quien yo amo con toda mi alma, tu Santísimo Hijo, nuestro único Señor, Jesucristo! Os prometo a Él y a ti que nunca tendré otro esposo».

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San Juan Bosco

«Amad, honrad, servid a María. Procurad hacerla conocer, amar y honrar por los demás. No solo no perecerá un hijo que haya honrado a esta madre, sino que podrá aspirar también a una gran corona en el Cielo».

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