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Pensamiento mariano para el mes de enero

«Este globo que ves [a los pies de la Virgen] representa el mundo entero, especialmente Francia y cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden» (Palabras de la Virgen a Sta. Catalina Labouré).

San Antonio

"A Ti, oh, bienaventurada Virgen, sean alabanza y gloria, porque hoy fuimos colmados con la bondad de tu casa, o sea, de tu seno".

antonio

San Antonio nació en Portugal. Se llama "de Padua" por la ciudad italiana de Padua, donde murió y donde todavía se veneran sus reliquias. Su imagen y devoción se encuentran por todas partes, y es por eso, que León XIII lo llamó "el santo de todo el mundo". Decía de él un biógrafo: "Era poderoso en obras y en palabras. Su cuerpo habitaba esta tierra pero su alma vivía en el cielo".

Nació en el año 1195. Su nombre de bautismo fue Fernando pero cuando ingresó en la orden de Frailes Menores cambió este nombre por el nombre de Antonio, por su devoción al gran patriarca de los monjes y patrones, titular de la capilla donde recibió el hábito franciscano.
Desde temprana edad no le faltaron las pruebas. Fue atacado duramente por tentaciones contra la pureza, pero no se dejó vencer y, con la ayuda de Dios, dominó sus pasiones. Se fortalecía, visitando al Santísimo Sacramento, y renovaba la consagración que de niño había hecho  a la Santísima Virgen, a la que encomendó su pureza.
En 1220, mientras que estudiaba en Coimbra con los canónigos regulares de San Agustín, el rey Don Pedro de Portugal, trajo unas reliquias de los santos frailes franciscanos que, poco tiempo antes, habían obtenido un glorioso martirio en Marruecos. Al ver las reliquias, nació en su corazón el anhelo de dar la vida por Cristo. Poco después, llegaron donde él unos frailes franciscanos y les abrió su corazón. Fue admitido a la orden a principios de 1221 y casi inmediatamente después, se le autorizó para embarcar hacia Marruecos. ¿Su fin? Predicar el Evangelio a los moros. De camino se enfermó gravemente y fue necesario regresar a Europa. La nave en que se embarcó tuvo que desviarse a causa de fuertes vientos y fue a parar en Messina, la capital de Sicilia. Desde allí viajó a Asís. San Antonio, lleno de extraordinarios dones intelectuales y espirituales, se entregaba a la oración y al servicio de los otros frailes. Descubierto su gran don de predicar, se entregó de pleno a la predicación, por la que fue muy famoso. Venían de todas partes a escucharle y a tocarlo. Llegó a Padua. Se extendieron las noticias de los milagros que hacía, y decían de él que su persona irradiaba santidad. Él enseñaba: "El gran peligro del cristiano es predicar y no practicar, creer, pero no vivir de acuerdo con lo que se cree". Su predicación fue una predicación hecha vida. Se entregaba, a pesar de su mala salud, al servicio de sus hermanos y a un cuidado por las almas, incansable. En la primavera de 1231, después de predicar una serie de sermones, la salud de San Antonio empeoró y se retiró a descansar. Consciente de que su fin estaba cerca, pidió ser llevado a Padua. No llegó a la ciudad y el 13 de junio de 1231, en la habitación particular del capellán de las Clarisas Pobres de Arcella, recibió los últimos sacramentos. Entonó un canto a la Santísima Virgen y sonriendo dijo: "Veo venir a Nuestro Señor" y murió.

Fue canonizado antes de que hubiese pasado un año de su muerte, y siete siglos más tarde, el Papa Pío XII declaró a San Antonio "Doctor de la Iglesia".

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