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Pensamiento mariano para el mes de noviembre

«Si se levanta la tempestad de las tentaciones, si caes en el escollo de las tristezas, eleva tus ojos a la estrella del mar: ¡Invoca a María!» (San Bernardo de Claraval).

Beato Bartolo Longo

«Como dos amigos que se frecuentan suelen parecerse también en las costumbres, así nosotros, si conversamos familiarmente con Jesús y la Virgen, al meditar los misterios del rosario y formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto».

 

bartolo

Bartolo Longo nació el 10 de febrero de 1841 en Latiano, provincia de Brindisi (Italia). Llegó a Nápoles para completar sus estudios en el año 1863. Allí, a través de profesores y malas amistades, se metió en el mundo del espiritismo y abandonó por completo la fe católica en la cual había sido educado. El malestar, los asaltos del demonio y una tristeza profunda le llevaron a querer buscar ayuda. La encontró en un profesor católico que le dijo unas palabras que fueron para Bartolo una sacudida: “¡Vas a morir en el manicomio y además te vas a condenar para toda la eternidad!”. Acudió después a un religioso dominico, el padre Alberto Radente, y el día del Sagrado Corazón de 1865 se confesó y volvió a la Iglesia. Eso causó una gran alegría a su familia que, desde su alejamiento de la fe, no había cesado de pedir a Dios la gracia de la conversión. Tras su conversión, le empezó a atormentar un pensamiento: ¿Cómo podría salvarse después de la vida pasada que había llevado? Sintió en su interior una voz que le decía: "Si propagas el Rosario, te salvarás". Entendió que esa era su vocación, la de difundir el rezo del Rosario y la devoción a la Virgen del Rosario. Ya en vida vio la fundación de varias obras en favor de ello y su extensión por el mundo. Se levantó una iglesia grande en honor de la Virgen del Rosario. Pero no solo, también ayudó en diversas obras de caridad cristiana dirigidas, sobre todo, hacia huérfanos y pobres. Murió el 5 de octubre de 1926 y fue beatificado por el Papa Juan Pablo II el 26 de octubre de 1980.

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