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Pensamiento mariano para el mes de julio

«Mi buena Madre, Madre del Perpetuo Socorro, tú, a quien me he confiado y consagrado hace ya algunos años, y que tan bien me has socorrido y tan fiel me has guardado y conducido, mi buena Madre, estréchame junto a ti. Yo me pongo en tus manos como un pequeño. Me abandono a ti como un niño en mantillas. ¡Guárdame, guarda mi corazón! Haz que en esta noche, en este día y siempre, yo y todos los que Jesús quiere ver junto a sí, podamos compartir sin cesar tu amor, tu mirada, tu adoración de nuestro Señor» (Beato Charles de Foucauld).

Lumen Gentium, 58

«La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz, en donde, no sin designio divino, se mantuvo de pie (Jn 19,25), se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por Ella misma, y, por fin, fue dada como Madre al discípulo por el mismo Cristo Jesús, moribundo en la Cruz, con estas palabras: "¡Mujer, he ahí a tu hijo!" (Jn 19,26-27)».

 

bartolo

 

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