• Pensamientos marianos

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Pensamiento mariano para el mes de enero

«Este globo que ves [a los pies de la Virgen] representa el mundo entero, especialmente Francia y cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden» (Palabras de la Virgen a Sta. Catalina Labouré).

San Felipe Neri

«Sólo pensar en María llena de consuelo mi alma. Ella es mi delicia».

s felipe

Felipe Neri nació en Florencia (Italia), en 1515. Desde muy pequeño, destacó por su alegría y su bondad, hasta el punto de que la gente lo llamaba "Felipín el bueno". Después de la muerte de su madre, su padre lo envió a casa de un tío muy rico. Felipe rechazó los planes del su tío de hacerlo heredero de todos sus bienes, porque veía que las riquezas podían impedirle su dedicación a Dios.
Alejándose de su tío y de las riquezas, se trasladó a Roma llevando solamente lo puesto, pero lleno de confianza en Dios. Vivía de modo sencillo y pobre.
Sus dos primeros años en Roma los pasó leyendo, rezando y haciendo penitencia. Los tres siguientes, estudió filosofía y teología. Dios le inspiró el deseo de enseñar a los pobres el catecismo. Por su carácter alegre y su amabilidad, se ganaba la confianza de gente de todo tipo, lo cual le daba la oportunidad de hablarles de Dios y llevarlos al camino de la verdad y de la salvación. Solía preguntar a la gente: "Amigo, ¿y cuándo vamos a empezar a ser mejores?".
A los 34 años, seguía siendo seglar, pero su confesor lo animó a que se hiciese sacerdote, viendo el gran bien que podía hacer. Aunque se sentía totalmente indigno, siguió este consejo, y fue ordenado sacerdote en el año 1551. El Señor le concedió un don especial como confesor.
Entre las muchas iniciativas que llevó a cabo, estuvo la de reunir a un grupo de sacerdotes, formando una asociación llamada "Oratorio". Cultivó una gran devoción a la Santísima Virgen.
El 25 de mayo de 1595, con una gran alegría que resplandecía en su rostro, exclamó ante el médico que lo atendía con las palabras del salmo: «¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor"!». Esa misma noche murió y, en 1622, fue declarado santo.

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