• Pensamientos marianos

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Pensamiento mariano para el mes de enero

«Este globo que ves [a los pies de la Virgen] representa el mundo entero, especialmente Francia y cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden» (Palabras de la Virgen a Sta. Catalina Labouré).

Venerable María Teresa González Quevedo

«Madre mía, que quien me mire te vea».

teresa quevedo

María Teresa González Quevedo nació en Madrid el 12 de abril de 1930. Era una persona alegre, inquieta y entusiasta, le gustaba mucho el deporte y tenía un gran amor por la vida. A los 10 años tomó la resolución de ser santa y empezó a madurar en su vida espiritual. Ingresó en la Congregación Mariana y, al recibir una medalla de la Virgen, escogió poner detrás la frase: "Madre mía, que quien me mire te vea". Fue en un mes de mayo cuando, espontáneamente, salió de su corazón la súplica: "¡Madre mía, dame vocación religiosa!". Dios le manifestó que la quería toda para Él. Una amiga suya experimentaba lo mismo, pero decidió dejarlo para más tarde, para después de su juventud. Sin embargo, Teresa, generosa y decidida, le dijo: "¡Qué tacaña y egoísta! ¿Crees que Jesús te va a admitir ya achacosa, cuando hayas ofrecido lo mejor de tu vida al mundo? Jesús tiene mejor gusto, y quiere como ofrenda la juventud, con sus alegrías y sus ilusiones". En febrero de 1948 entró en las Carmelitas de la Caridad. Muchas amigas suyas, a raíz de su entrega, descubrieron que darse a Dios no significaba tristeza o fracaso, sino alegría. Poco más que un año después, en mayo 1949, sufrió una fiebre alarmante que indicaba que algo no iba bien. Le diagnosticaron una pleuresía aguda. En su diario apuntó: "Durante la comunión, tenía tantas ganas de entregarme complemente a Jesús para demostrarle cuánto quería amarlo que me ofrecí como víctima para que hiciera de mí lo que quisiera". En enero de 1950, le sobrevino un fuerte dolor de cabeza. Su padre, que era médico, le diagnosticó una meningitis tuberculosa. El Jueves Santo del mismo año empeoró bruscamente. En esta circunstancia, exclamó: "¡Jesús, te amo por los que no te aman!". Antes de morir dio un fuerte grito: "¡Madre mía, ven a recibirme… y llévame contigo al Cielo!". Pocos minutos después, dejó esta tierra. Era el 8 de abril de 1950. Fue proclamada venerable por Juan Pablo II, el 9 de junio de 1983.

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