• Anécdotas

    del tiempo de las apariciones
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La noche de bodas de Servando y Teresa

sacerdocio

Servando Mazón se casaba con su prima, Teresa Mazón, y en casa se afanaban para dejar bien instalados a los nuevos esposos. El padre de Servando, que también se llamaba Servando y que era cantero, les arregló una casita que tenía sobre una cuadra, bajando hacia la Fuente de Aniceta. A la casa se accedía a través de una escalera de piedra externa, que se apoyaba en la fachada del edificio. Debían de ser unos seis o siete escalones y terminaban en un rellano – que en Garabandal llaman “patín” - desde donde se entraba a la vivienda. Allí se instalaron los jóvenes esposos. Pero, de esas cosas que pasan, había incluso hermanos de Servando que no sabían donde iban a dormir ese día los novios.

El caso es que ya de noche, Servando y Teresa oyeron llamar a la puerta de su recién estrenado hogar. A la primera llamada no hicieron caso. ¡Si nadie sabía que estaban allí! Sería un ruido en la calle... Pero, el caso es que se repitieron los golpecitos en la puerta y Servando salió a ver qué pasaba. Al abrir, se encontró con Loli en éxtasis que, sin titubeos, entró en la casa. Con su crucifijo bendijo el lecho de los nuevos esposos y las paredes de su sencillo hogar. En esos momentos nadie sospechaba en España, y menos en Garabandal, la crisis que se avecinaba para la institución familiar. Pero, observándolo con la perspectiva que dan los años, este gesto de nuestra Madre del Cielo adquiere un valor enorme. En el difícil camino que los esposos cristianos deben recorrer para vivir su vocación al amor y al servicio de la vida, ella, la Virgen Madre, se hace cercana para alentar, para confortar, para enseñar a amar.

Al terminar, la niña se fue de nuevo hacia la salida, de rodillas y siempre en éxtasis, con la cabeza totalmente alzada hacia su visión. De nuevo en el rellano de entrada, se quedó como iba, de rodillas, “mirando” en dirección a la puerta de entrada, con los pies hacia la calle. Y, de pronto, sucedió lo inesperado. En vez de bajar por la escalera por la que había subido, Loli dio un “salto”, si es que se puede llamar así. Según estaba de rodillas y de espaldas a la calle, saltó hasta el suelo. Y en el suelo aterrizó, pero con toda armonía, sin perder la compostura, sin dislocarse entera, como hubiera sido lo normal, sin romperse las rodillas, ni tan siquiera arañárselas.

La vieja cuadra de Servando y Teresa fue arreglada recientemente, pero aún mantiene la estructura de la escalera original. Cualquiera que pase por esa calle, camino de la Fuente de Aniceta, la puede ver. Le han puesto un pequeño muro al rellano, a modo de barandilla, pero se aprecia sin dificultad la altura original desde la que se lanzó Loli, de rodillas y de espaldas. Actualmente, puede ser de un metro setenta o un metro ochenta. En el tiempo de las apariciones debía de tener algún escalón menos, pero, aun así, era una buena altura. Tras el salto, por supuesto, Loli continuó con su éxtasis tan normal, como si nada hubiera pasado. Pero los que vieron lo que pasó aún no se explican lo que sucedió.


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