• Anécdotas

    del tiempo de las apariciones
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"Así yo podré creer"

sacerdocio

En la tarde del 16 de octubre de 1961, había, entre los numerosos espectadores que seguían a las videntes, dos sacerdotes asturianos. Pero nadie sabía que eran sacerdotes, porque iban vestidos de paisano. Cuando Conchita llegó en éxtasis al lugar donde estaba la gente, empezó a dar a besar el crucifijo. Los dos sacerdotes, desconfiando de las apariciones, se apartaron para verlo todo desde arriba, en la terraza de una casa. La niña los siguió. Subió rápidamente la escalera en aquella postura tan propia de Garabandal, con la cabeza echada hacia atrás. Esto impresionó a todos mucho, porque no le permitía ver los peldaños.
Una vez ante ellos, Conchita les ofreció el crucifijo para besarlo, pero ellos rehusaron hacerlo. Sin dejar de mirar al cielo, la niña santiguó al primero, y este volvió a negarse a besar crucifijo. Lo santiguó dos veces más, con tal delicadeza, que, al fin, él besó el crucifijo. Lo mismo ocurrió con el otro sacerdote.
Conchita empezó a bajar la escalera, pero, de repente, se dio la vuelta y les ofreció nuevamente el crucifijo para besarlo. Y ellos, una vez más, lo rechazaron. La gente estaba indignada, nadie sabía que eran sacerdotes.
Uno formuló el pensamiento: "Dios mío, si de veras es sobrenatural todo esto que está ocurriendo, que la niña venga otra vez a mí y cese de pronto en su éxtasis; así yo podré creer". Y se cumplió su petición. Conchita salió del éxtasis y se encaminó a casa, pero, antes de llegar a la plazoleta, cayó de nuevo en éxtasis y retrocedió. Esta fue la respuesta a la petición del otro sacerdote: "Si la niña vino a mí antes por conocer sobrenaturalmente que yo era sacerdote, que me lo demuestre de nuevo y venga a darme a besar otra vez el crucifijo, y que me santigüe varias veces".
Tras el éxtasis, entregaron una estampa a la vidente para que la firmara. En su dedicatoria, la niña los sorprendió de nuevo mencionando expresamente su sacerdocio. Casos como este fueron numerosos en Garabandal y señalan el singular valor del sacerdocio.


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