"¿No quieren besarlo?"

cruz besar

Durante los éxtasis, las videntes llevaban siempre un crucifijo que ofrecían a los presentes. Alargaban la mano a quien la Virgen les iba indicando y, así, los fieles podían besarlo. Aquí les ofrecemos la historia de lo que pasó la noche del 17 al 18 septiembre de 1961, en una de estas ocasiones.

«Conchita tiene un éxtasis en la pequeña cocina de su casa. La niña va dando a besar a los presentes su crucifijo. Siempre sumida en trance, con la cabeza muy hacia atrás y la mirada clavada en lo alto, después de darlo a besar a los presentes, pasa su mano sin un solo tropiezo por entre los barrotes de la ventana, para que los de fuera de casa lo besen también. Cuando parece que lo han hecho todos, se observa con asombro que la niña sigue manteniendo su brazo estirado, como si esperase a que se acercara alguien más. Entonces, los de dentro le oyen decir: "¡Ah! ¿Que no quieren besarlo? ¿Por qué?".
A pesar del gentío, dentro y fuera se produce un denso silencio. Sale entonces un hombre de la cocina y descubre a una pareja retirada de la única luz que, por ser noche cerrada, es la de la ventana. Se acerca a ellos, les habla y ellos le confiesan su temor: se consideran indignos de acercarse. El hombre les responde con sencillez: "Por muy pecadores que se sientan, Dios les espera". Era evidente, pues allí está la niña absorta del todo, con su brazo tendido hacia la oscuridad y ofreciendo el crucifijo… ¡hacia ellos, los únicos que faltan por besarlo! Cedió la resistencia de la pareja y, después de aquellos dos últimos besos, la niña retira su brazo de la ventana. Minutos más tarde acababa el éxtasis».

Anécdota tomada del libro: "Garabandal: Mensaje de esperanza", de José Luis Saavedra