El magnetofón

magnetofon

Esta anécdota está sacada del informe del P. José María Andreu, S.J., testigo ocular de las apariciones.

Hay una escena, sucedida en los primeros días del mes de agosto, que se refiere a un magnetofón. Un señor llevó un aparato magnetofónico de pilas y grabó lo que las niñas dijeron en un trance en el pinar. La referencia de este suceso la tengo por D. José Salceda de Aguilar de Campoo, testigo de lo que aquí cuento.

Al terminar la visión, pusieron en marcha el magnetofón para que las niñas lo oyeran. Acabado lo que correspondía al éxtasis, les tomaron algunas palabras a las niñas en conversación normal y les dijeron que pidieran a la Virgen que hablara por el magnetofón.

Estando en esta conversación, entraron las niñas de golpe en éxtasis. En este estado, piden a la Virgen que hable por el micrófono para que su voz quede grabada.

Terminada la visión y retiradas a sus casas las videntes en compañía de sus padres, los que quedaron, que fueron bastantes personas, pusieron a funcionar el magnetofón para ver cómo había quedado grabado el trance. Al llegar a la frase de las niñas en que pedían a la Virgen que hablase, «se oyó una voz inconfundible, dulcísima (son palabras textuales de D. José), que, saliendo del aparato, dijo: "No, yo no hablo"».

La emoción fue enorme y, muchos, llorando, decían que eso debían llevárselo al Papa. Volvieron a ponerlo y, en medio de la emoción, cuando llegaron a las frases citadas, no oyeron nada.

Bajaron desconcertados a casa de Conchita, que no había participado en la mencionada visión, para que oyera lo que habían hablado durante el éxtasis sus compañeras. Al llegar a las frases citadas, volvió de nuevo a oírse la voz que decía: «No, yo no hablo». Al oírla, Conchita sonrió y dijo muy contenta que era la Virgen la que hablaba. Volvieron a querer oírlo de nuevo, pero no se sabe que se haya vuelto a oír.

Las niñas, al terminar la visión, dijeron que la Virgen sonreía cuando le decían que hablase por el micrófono. Una escena análoga a esta del magnetofón, guardando la distancia de tiempo y medios, es la de lo ocurrido en Lourdes. Cito a Redención (agosto-septiembre, pág. 354) «... Continuaron rezando el rosario. Cuando concluyó, la señora (una de las hijas de María) dio a la niña un tintero, papel y pluma, y le dijo: "Pregúntale a esa Señora qué es lo que quiere y pídele que lo ponga por escrito». Bernardita obedeció. Se levantó y se dirigió hacia la gruta. Pocos momentos después volvió junto a las dos mujeres: «La Señora se ha sonreído cuando se lo he dicho».

Leer más del informe del P. Andreu aquí.