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Garabandal salvó mi vida sacerdotal

p richard

El P. Richard Gilsdorf afirma que el descubrimiento de Garabandal salvó su vida sacerdotal. En su testimonio —del que extraemos las ideas fundamentales— nos cuenta el bien espiritual que recibió de Garabandal, de su historia y de los mensajes. El P. Richard Dilsdorf falleció el 4 de mayo 2005.

Esto salvó mi vida sacerdotal

Durante los años del Concilio Vaticano II y del postconcilio, el P. Richard Gilsdorf, Doctor en Sagrada Escritura, enseñaba en un seminario de Estados Unidos. Seguía de cerca el concilio y, en un primer momento, se entusiasmó por sus progresos y promesas. Pero pronto se dio cuenta de que, además de todo el bien espiritual y doctrinal que estaba surgiendo del concilio, se estaba desarrollando también un espíritu de interpretación no ortodoxa, un espíritu de interpretación libre que no se interesaba por la lectura de los documentos. Era el año 1966 y, en este punto crucial de su vida sacerdotal, leyó unas breves noticias sobre las apariciones de Garabandal, en España. Fue una gracia tan grande que no temió afirmar: «Esto salvó mi vida sacerdotal».

«Fue una gracia especial, un regalo de discernimiento de Nuestra Señora del Bueno Consejo».

Un discernimiento urgente

Tras haber recibido esta gracia, comenzó el doctorado en Sagrada Escritura. «La necesidad de discernimiento empezó a ser lo más urgente en esos tiempos…».

Una vez terminado el doctorado regresó a su Diócesis, pero encontró el seminario casi cerrado. Le fue asignado un trabajo pastoral. Durante estos años se mantuvo bien informado sobre los eventos y mensajes, palabras y hechos de Garabandal. Fue el conocimiento de lo que estaba pasando en Garabandal lo que le sostuvo y —literalmente— «le salvó», durante años de agudo sufrimiento espiritual.

«Como ya he dicho, el anuncio y el progreso del Vaticano II habían sido para mí un gran estímulo. Era motivo de una inmensa alegría el hecho de que, en los inicios de mi vida sacerdotal, hubiera ocurrido tal evento histórico. Yo me consideraba "liberal" o "progresista". En 1966, cuando leí acerca de las apariciones en el norte de España, me asombró la coincidencia de los años que María residió en Garabandal con los años del Concilio Ecuménico. No es sencillo interpretar este hecho. Tal vez, Garabandal era el comentario celestial al Concilio, dándole a la fe un antídoto contra el "espíritu" que pronto comenzaría a propagarse. De todas formas, la mera coincidencia sonaba como una voz de alarma para mí, tanto como para evaluar con sumo cuidado los nuevos vientos de cambio».


La presencia real

Destaca en su testimonio la importancia que la Eucaristía tiene en los mensajes de Garabandal. Dice: «Es el centro del mensaje de María. Tal y como el Concilio lo ha definido tan acertadamente, este sacramento es: "fuente y meta de toda la vida cristiana"».

Durante los años en que la Virgen visitó Garabandal, «directa e indirectamente, [Ella] dirigió nuestra atención hacia la presencia real de su Hijo. “¿Por qué no visitáis a mi Hijo con más frecuencia? Él os espera día y noche”. La comunión diaria de la Santa Eucaristía por parte de las niñas, a través del ministerio de un ángel, coronada por el "milagrucu" de la Hostia visible, ha ido siguiendo un mismo hilo conductor».

Uno hechos sorprendentes que le llegó al corazón —entre los miles que tuvieron lugar— fue la historia de la polvera (puedes leerla pinchando aquí). Las palabras del primero y del segundo mensaje llegaron en un momento providencial. Las descubrió en el momento exacto, junto «con el bamboleo de la fe Eucarística: duda, negativa, abuso y sacrilegio». Y fue este mensaje lo que «rescató mi conciencia».

«La pérdida de la adoración al Santísimo Sacramento ha sido una constante y creciente causa de angustia en la vida sacerdotal. Todos los pastores deben ser custodios de la Santa Eucaristía. Yo mismo me encuentro al frente de un combate por proteger a Nuestro Señor y a mis fieles en su reverencia y en su fe».


Dignidad sacerdotal

Otro gran descubrimiento para el P. Richard fue el de la dignidad sacerdotal. Por eso afirma: «La Eucaristía nunca se podrá separar del sacerdocio».

«María demostró un profundo amor maternal hacia todos los sacerdotes, porque son sus hijos, otros Cristos. […] El ángel administraba la comunión a las niñas solo cuando el párroco del lugar no estaba en el pueblo. […] María les repitió varias veces la tradicional admonición: si veían a un sacerdote y a un ángel al mismo tiempo, primero debían hacer una reverencia al sacerdote».

Afronta en su testimonio la delicada cuestión de las palabras del segundo mensaje: «Muchos cardenales, muchos obispos y muchos sacerdotes van por el camino de la perdición y arrastran a muchas almas consigo». ¿Cómo reconciliar estas palabras con el hecho de que la Virgen enseñó a las niñas a reverenciar amorosamente a los consagrados? Es evidente que una cosa no contradice la otra. El P. Richard dijo: «El mensaje nos da el porqué del deber de destacar la identidad del sacerdocio y el porqué del que los fieles deban rezar fervientemente por los pastores de sus almas».

Nunca he dudado

En su testimonio, el P. Richard afirma también: «La simplicidad de esa bendita aldea, la humillad de su gente, con una fe tan simple, se convirtió para mí en un refugio espiritual». Es un refugio espiritual, porque es un lugar que ha sido tocado por la presencia de Nuestra Madre. Ella, durante los cuatro años que duraron las apariciones, «creó un ambiente sobrenatural, de cielo, en la tierra». Precisamente eso es lo que quería hacer el P. Richard en el hogar de cada familia. Se asombraba del hecho de que «lo que Dios escondió a los sabios y maestros, se lo ha revelado a estas insignificantes niñas». También destaca que los que cuestionaban los hechos, «dependiendo de la disposición y de la motivación de las preguntas, las respuestas les brindaron consolación, confirmación y paz, o confusión, intranquilidad y frustración». «Estos diálogos –dice– «nos recuerdan a las preguntas capciosas que, en el Evangelio, hacían a Jesús cuando enseñaba. Y sus respuestas, concisas y rotundas, chocaban contra los esquemas de sus enemigos».

Termina su testimonio diciendo que nunca había dudado de la autenticidad de lo que ocurrió en Garabandal, y que ofrecía su testimonio con gratitud y alegría a Nuestra Señora de Garabandal, que había sostenido su sacerdocio durante todos esos años.

 

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