Cada mes

Enero 2022

 

 

octubre2021

En Él solo espero

Según vamos avanzando en la vida y en nuestra vida espiritual vamos viendo cómo todo pasa y el corazón busca un lugar, un algo que no pasa ni termina. El corazón del cristiano encuentra este algo en Dios. Dios no pasa, es eterno e infinito. Solo en Él podemos esperar de verdad. Si en nuestra vida cotidiana ponemos nuestra esperanza en algo o alguien que no es Dios, al final nos cansamos. Sin embargo, la luz de aquella esperanza más grande no puede ser destruida ni por frustraciones en lo pequeño ni por el fracaso en los acontecimientos de importancia histórica, pues a pesar de las frustraciones y de los acontecimientos adversos o difíciles, esta esperanza me dice que mi vida personal y la historia están custodiados por el poder indestructible del amor de Dios. No podemos con nuestras propias fuerzas hacer nada, pero todo lo que yo no puedo, sí lo puede Él. Esta es nuestra esperanza. Donde llega el límite de mi fuerza y capacidad está su omnipotencia que lo puede todo. Esto no significa que nosotros pasamos a un nivel puramente pasivo de «pues que lo haga todo Dios», no. Nosotros sí tenemos una tarea y es la de abrirnos a Él y poner nuestra libertad en su voluntad. La respuesta al amor revelado siempre será una respuesta libre. No merecemos el amor de Dios, es un don, pero soy libre a acogerlo o no. La esperanza en Dios es lo que debe orientar nuestra actividad. Debemos fundar nuestra esperanza en las promesas de Dios. Nos haría bien alguna vez pensar seriamente en esta pregunta: «¿qué me puede prometer el mundo?». Y luego pensar: «Y las promesas de Dios, ¿cuáles son?». Vemos que las promesas de Dios son mucho más grandes y reales que todo aquello que me ofrece el mundo. Todo lo que me puede ofrecer el mundo es al final pasajero, tiene fin, tiene límites. Sin embargo la promesa de Dios de una vida eterna, de la eterna bienaventuranza, es una promesa para la eternidad.


En esta escuela de esperanza viene a tener un lugar importante el sufrimiento del que ninguna persona está exenta. Todos sufrimos, en escala más grande o más pequeña, pero todo hombre sufre. En el sufrimiento tenemos una hermosa oportunidad de encuentro con Dios y con la esperanza verdadera. Con frecuencia el hombre se afana en quitar el sufrimiento. No podemos extirpar el sufrimiento del mundo por completo, simplemente porque no podemos desprendernos de nuestra limitación; ninguno de nosotros es capaz de eliminar el poder del mal. Solo lo puede hacer Dios, y solo un Dios que haciéndose hombre, entrase personalmente en la historia y sufriese en ello. Evadir el dolor no llena al hombre sino que lo deja en soledad y vacío. Lo que le cura es aceptar la tribulación, madurar en ella, y encontrar un sentido mediante la unión con Cristo. Cristo sufrió con amor infinito y da la razón a todos nuestros sufrimientos trasformados por la fuerza de la esperanza. Pablo Le-Bao-Thin, un mártir Vietnamita del siglo XVI, escribió una carta en la que habla primero de los sufrimientos que padecía en su encarcelamiento, describe la cárcel como un infierno, cuenta de las cadenas, el odio, la angustia... Pero dice: «Dios, que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno de fuego, está siempre conmigo y me libra de las tribulaciones y las convierte en dulzura, porque es eterna su misericordia. En medio de estos tormentos, que aterrorizarían a cualquiera, por la gracia de Dios estoy lleno de gozo y alegría, porque no estoy solo, sino que Cristo está conmigo». Y termina diciendo: «Hermanos, al escuchar todo esto, llenos de alegría, tenéis que dar gracias incesantes a Dios, de quien procede todo bien.[…] En medio de esta tempestad echo el ancla hasta el trono de Dios, esperanza viva de mi corazón».



En medio del dolor y el sufrimiento el corazón del creyente encuentra esperanza y una luz en Dios para quien «ni la tiniebla es oscura y la noche clara como el día» (cf salmo 138). El sufrimiento con esta visión y vivencia en la fe se convierte a pesar de todo en canto de alabanza. 



Obviamente sin la gracia nosotros no somos capaces de convertir el sufrimiento en amor. Por eso tenemos necesidad del encuentro con Dios-amor. 



La Eucaristía es prenda y fuente de esperanza. Allí nos espera día y noche, como nos dijo Nuestra Madre, para darnos esperanza. Su presencia es fiel porque Él mismo dijo que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos. En Él podemos esperar. Visitar el Santísimo y rezar delante de Él es una manera de aumentar nuestra esperanza.
En este nuevo año que hemos empezado un propósito muy bueno sería el de visitar el Santísimo todos los días, hacerlo una parte esencial de nuestra vida y allí delante de Él fomentar una esperanza firme en Dios.

Dios os bendiga
Equipo garabandal.it

Diciembre 2021

 

 

octubre2021

Adviento

Queridos amigos:

Con el Adviento hemos empezado un tiempo de esperanza. Surgen preguntas: ¿En qué esperas? ¿En quién esperas? ¿Cuáles son tus esperanzas? ¿Puedes decir de verdad: «Toda mi esperanza está en ti»? o, ¿has acaso dividido la esperanza de tu corazón con otras cosas que no son nuestra única Esperanza? Ahora es tiempo de revisar. Revisar y actuar.

Quizá en el mundo de hoy y en el tiempo concreto por el que pasa la historia, descubrimos cada vez más la necesidad de poner bien las bases de nuestras esperanzas porque al final todo lo que pertenece a lo finito pasará.
El Adviento es un tiempo para aprender a poner toda nuestra esperanza en Dios. ¿Dónde y cómo se puede aprender a esperar? Hay lugares de aprendizaje y preparación para la Navidad. Uno de ellos es la oración.

La oración es verdadera escuela de la esperanza. En ella vemos que cuando ya nadie me escucha y cuando ya nada ni nadie me puede ayudar, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con nadie, con Dios siempre puedo hacerlo. Jamás estaré solo porque Dios siempre está. La oración es un clamor del corazón al único que puede darme esperanza. Así lo han experimentado tantos santos que nos han precedido. En el momento de la prueba y cuando toda esperanza humana decae descubrimos en la oración una ventana que abre a una esperanza mucha más grande. El Cardenal Nguyen Van Thuan durante sus trece años de cárcel, a través de la oración se fortaleció y acrecentó su esperanza tanto que al salir ha podido ser una luz para muchas otras personas, y un testigo de una esperanza que no se apagó a pesar de la gran noche por la que pasó y la soledad. Él, además, nos enseña a vivir esta esperanza en nuestra cotidianidad a través del cumplimiento fiel de la voluntad de Dios: «Si no permaneces estrechamente unido a la voluntad de Dios, momento a momento, experimentarás caídas a lo largo del camino de la esperanza. Esto sucederá porque tu deber te parecerá carente de novedad, demasiado inobservado y escondido y lleno de monotonía cotidiana. El problema es muy simple. Antes de hacer cualquier cosa tendrías que pensar: "Señor, ¿qué tengo que hacer?" (Hch 22, 10) ¡Haz la voluntad de Dios!».

San Agustín, en una homilía sobre la primera carta de San Juan, nos habla sobre la relación entre la oración y la esperanza. Él define la oración como un ejercicio del deseo. El hombre ha sido creado para Dios y para ser colmado de Él, pero su corazón es demasiado pequeño para esta realidad que se le entrega, tiene que ser ensanchado. Dice San Agustín: «Dios, retardando [su don], ensancha el deseo; con el deseo, ensancha el alma y, ensanchándola, la hace capaz [de su don]». Luego dirá que imaginemos que somos un vaso que Dios quiere llenar de miel -su ternura y bondad-, pero que si estamos llenos de vinagre ¿dónde pondrá la miel? Sí, tenemos que vaciarnos y purificarnos del vinagre, todo lo que es ajeno a Dios, el mundo con sus apetitos, para llenarnos de Dios. La oración es un proceso de purificación interior que nos hace capaces de Dios. Es en la oración y en la lectura de su palabra donde purificamos nuestros deseos y esperanzas. Para que la oración sea fructífera debe ser oración personal. Tú con Dios, Dios contigo. Dios está vivo, me habla, me mira y me escucha. Parece obvio pero ¡cuántas veces nos olvidamos de ello!

Un propósito muy bueno para este Adviento sería el de hacer cada día un rato de oración. Se puede hacer leyendo las lecturas del día, pidiendo luz al Espíritu Santo para que te instruya sobre ellas. La palabra de Dios es viva y siempre tiene algo que decirnos. Además de meditar en alguna lectura o misterio del Adviento, es un tiempo para la oración de súplica: ¡Ven, Señor Jesús!
Si durante este Adviento nos esforzamos en tener esta sencilla oración siempre en los labios y el corazón veremos cómo con ella acrece nuestra esperanza y deseo de Él. ¡Ven, Señor Jesús! Ven a mi vida, a mi corazón, ven en medio de mi trabajo y mi descanso, ven a mi familia, ven a mi casa, ¡ven Señor! Alumbra mi corazón, enciende la luz de tu verdad dentro de él, sé Tú mi única esperanza.

Pidamos a la Virgen que este Adviento nos enseñe cómo esperar.
Dios os bendiga
Equipo Garabandal.it

Octubre 2021

Hemos entrado en el mes de octubre, que está dedicado especialmente al rosario. Algunas personas dicen que es una oración repetitiva y aburrida pero no es así en absoluto. Es un mirar y contemplar la vida de Cristo a través de los ojos de María. Ella en muchas apariciones marianas ha insistido en que recemos el rosario. 

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Noviembre 2021

El mes de noviembre se inicia con una gran solemnidad, la Solemnidad de Todos los Santos. Celebramos especialmente todos los santos anónimos cuyos nombres no conocemos pero que están ya en la presencia de Dios, compartiendo el triunfo y la gloria de Cristo. Es un día para alegrarnos de la obra de Dios en tantas almas y recordar que hemos recibido también nosotros esta llamada a la que tenemos que responder. 

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