Cada mes

Noviembre 2021

octubre2021

Llamados al Cielo

Queridos amigos:

El mes de noviembre se inicia con una gran solemnidad, la Solemnidad de Todos los Santos. Celebramos especialmente todos los santos anónimos cuyos nombres no conocemos pero que están ya en la presencia de Dios, compartiendo el triunfo y la gloria de Cristo. Es un día para alegrarnos de la obra de Dios en tantas almas y recordar que hemos recibido también nosotros esta llamada a la que tenemos que responder. En una homilía el 1 de noviembre de 1981 el papa Juan Pablo II dirigió estas palabras a los presentes: «La solemnidad de Todos los Santos lleva consigo una llamada particular a la santidad. Debemos recordar que se trata de una llamada universal, es decir, válida para todos los seres humanos sin distinción de edad, de profesión, de raza o de lengua. Como los salvados, así también los llamados. El día de la celebración de los Santos y de la santidad, es justa y oportuna esta llamada». Nadie está exento de la llamada a la santidad, y la santidad en la realidad de hoy. No podemos esperar a responder a esta llamada porque no sabemos cuándo nos llamará el Señor, tenemos que ser santos en el día de hoy. Es una llamada preciosa porque es la gracia que obra en nosotros y nosotros con nuestra libertad bien fundamentada en Cristo respondemos esta gracia con un «sí». 

El día que sigue a esta solemnidad es el día de la conmemoración de los Fieles Difuntos. Sabemos que en el Cielo solo entra lo que es puro y limpio; si el alma llega delante de Dios manchada por faltas tendrá que ser purificada. La Iglesia llama «purgatorio» a esa purificación. La Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos. Como cristianos estamos obligados a amar y ayudar al otro. Cuanto mayor es la necesidad de nuestro prójimo mayor es nuestra obligación. Si sale del corazón socorrer al que muere de hambre y sed, cuánto más nuestro corazón debe conmoverse ante el hambre y sed que sientan estas almas benditas en el purgatorio, cuyo hambre y sed es, por mucho, mayor al hambre y sed de la tierra. Dios quiere que les ayudemos con la oración y el sacrificio. También lo quiere Nuestra Señora y así lo ha pedido en algunas apariciones marianas. No olvidemos que las benditas almas del purgatorio nos devuelven el ciento por uno. Ellas no se olvidan de los que les han ayudado a alcanzar el Cielo. Decía Santa Catalina de Bologna: «He recibido muchos y grandes favores de los santos, pero mucho más grandes de las Santas Almas del Purgatorio». Ellos cuando alcancen por fin la liberación de sus penas y disfruten de la gloria del Cielo se postran frente al Trono de Dios y oran por aquellos que los ayudaron. Ellas nos asistirán también en la hora de nuestra propia muerte como vemos en la vida de Santa Gertrudis. Ella cuando estaba a punto de morir se sintió ferozmente tentada por el demonio. Le tentó con pensar que pasaría largo tiempo en el purgatorio por haber ella desperdiciado sus propias indulgencias y sufragios en favor de otras almas. El Señor fue en persona para alejar al enemigo de ella y le dijo que a cambio por lo que ella había hecho por las almas benditas le llevaría directa al Cielo y multiplicaría cientos de veces todos sus méritos. Sin duda lo más grande que podemos ofrecer por ellas es la Santa Misa. También el rezo del santo rosario y tantos pequeños sacrificios e indulgencias que podemos ofrecer. 

Viene bien pensar en el dolor que causa en el alma la visión del Corazón de Cristo ultrajado y dañado, y desear no pasar por allí. Esto nos anima a vivir santamente y a purificarnos en esta vida para poder ir directamente al Cielo.

En Garabandal también era tradición muy arraigada rezar por las almas de los difuntos. Durante alguno de los éxtasis las niñas fueron llevadas en marcha extática al cementerio donde posaban sobre las tumbas los crucifijos bendecidos por la Virgen. 

No olvidemos este mes de rezar por las almas del purgatorio y pedirles ayuda para responder a esta llamada que Dios nos hace a la santidad. La Virgen preguntó a Conchita en la última aparición: «¿Verdad, Conchita, que tú me responderás?». Así nos lo pregunta también. ¿Responderás? ¿Responderás a la llamada de Dios? ¿Empezarás hoy a tomarlo en serio? Pensar que un día también nos presentaremos ante Dios nos anima a llenar nuestras manos de buenas obras, obras de caridad, de esperanza y de fe. Confiamos en la ayuda de la Santísima Virgen que desea tanto nuestra salvación y está dispuesta a ayudar al que se lo pide.

Dios os bendiga

Equipo garabandal.it

Octubre 2021

octubre2021

Queridos amigos:

Hemos entrado en el mes de octubre, que está dedicado especialmente al rosario. Algunas personas dicen que es una oración repetitiva y aburrida pero no es así en absoluto. Es un mirar y contemplar la vida de Cristo a través de los ojos de María. Ella en muchas apariciones marianas ha insistido en que recemos el rosario. En Garabandal Ella enseñó a las niñas a rezar el rosario y a rezarlo despacio. Decían ellas: «Debemos pensar en lo que rezamos; rezar es hablar con Dios y la Virgen. Cuando decimos el Padrenuestro o el Avemaría estamos hablando con Dios y con la Virgen, y hay que decirlo como cuando hablamos con una persona a quien amamos mucho, despacio y con corazón». Este «con corazón» es muy importante. Viene a decir que nos esforcemos en poner atención a lo que rezamos, a quién nos dirigimos. Puede ser que alguna vez lo recemos distraídos y que se mueven nuestros labios pero nuestra mente y corazón están en otra parte, pero debemos intentar que la mayoría de la veces no sea así. Hoy más que nunca tenemos necesidad de esta oración que serena los corazones y hace milagros.

Uno de los muchos milagros atribuidos al rezo del rosario fue el milagro del rosario en Hiroshima. Ocurrió el 6 de agosto de 1945. A las 8:15 de la mañana una bomba atómica explotó en la ciudad de Hiroshima. Todo lo que quedaba en un radio de aproximadamente 2.5 km fue destruido y la gente quemada. Sin embargo a 1 km del epicentro un lugar se quedó en pie. Se trata de la residencia de los Jesuitas. No se explica humanamente cómo es posible que hasta la Iglesia pegada a la casa fuera destruida y, sin embargo, la residencia se quedase en pie y los jesuitas de aquella comunidad no sufrieran ningún efecto en el momento ni posteriormente. Más de 200 médicos a lo largo de los años han realizado pruebas sobre los jesuitas que inexplicablemente no padecían ninguna consecuencia física. El P. Hubert Schiffer explicó en un congreso eucarístico más de 30 años más tarde: «Yo estaba en medio de la explosión atómica y estoy todavía, vivo y a salvo», y lo atribuía a la protección de la Virgen María: «Rezábamos el rosario diariamente en esa casa».

Este milagro entre muchos a lo largo de la historia nos enseña cómo una devoción constante y fiel a la Virgen producirá frutos. Estos milagros que produce la presencia maternal de la Virgen serán pequeños o grandes, más llamativos o menos llamativos, pero todos merecen la respuesta de un corazón agradecido y el constante recuerdo de los bienes que recibimos de Dios a través de las manos de María. Como una madre atenta y pendiente de sus hijos no cesa de repetir su petición a Jesús que todo lo puede: “No tienen vino”. 

Demos gracias a la Virgen por su presencia y atención y por el regalo del rosario. Sería un muy buen propósito para este mes esforzarnos en rezar el rosario, y no solos sino con nuestra familia o con un grupo de amigos, poniendo en el rezo todas las intenciones de nuestro corazón y del mundo que tanta necesidad tiene de Dios y de la conversión. 

Dios os bendiga,

Equipo garabandal.it

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