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  • En la Escuela de María

    Madre, maestra y modelo
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Jugaba con nosotros

En alguna ocasión se veía a las niñas deslizarse cautelosamente, sobre la punta de los pies, procurando no hacer ruido y pegándose de espalda a las paredes, hasta la esquina de la calle. Allí, iban sacando la cabeza poco a poco, en ademán de querer sorprender a alguien que se escondía de ellas... De golpe, como si hubieran descubierto lo que buscaban a la vuelta de la esquina, lanzaban gritos de alegría y echaban a correr en su seguimiento... Era de verdad encantador contemplar este juego de las niñas: evidentemente allí había una Madre que disfrutaba entreteniéndose con sus pequeñas.

Del 6 al 7 de septiembre de 1969, un grupo de «garabandalistas» franceses se congregaban para una reunión de espiritualidad en Candésur–Beuvron. Entre otras conferencias interesantes, hubo una de la señora Le Pelletier de Glatigny (María Teresa) sobre «Catechèse Mariale á Garabandal»; de ella reproduzco estos puntos:

«Entre las lecciones importantes del «Catecismo» de la Virgen en Garabandal, quiero señalar algo que, bajo su apariencia infantil, me parece toca el fondo mismo de nuestra vida espiritual. Me refiero al juego del «escondite», que más de una vez «entretuvo» a la Virgen con las niñas…» «Cuanto más medito sobre ese , más creo entrar en su oculto sentido.» «Ustedes lo saben: no son pocas las mamás que, cuando tratan de enseñar a sus pequeños a caminar por sí solos, recurren frecuentemente a la estratagema de esconderse detrás de una puerta, detrás de un árbol, y desde allí llaman, como obligando amorosamente al niño a ir en su busca. Y así éste, aún a su pesar, va entrenándose y afianzándose en algo tan necesario como el caminar por su propio pie.»
«Algo así debió de intentar la Virgen. Todos lo sabemos: en la vida espiritual, después de empezar regalando al alma con las alegrías de su presencia sentida, el Señor como que se retira o esconde, dando ocasión al alma para que le busque con mayor afán y sin consolaciones sensibles…» «María, que conoce bien los secretos inefables de la vida divina en las almas, para poner cosas demasiado profundas al alcance de aquellas pobres niñas de aldea, recurrió a la enseñanza viva del juego del «escondite» el sufrimiento que entonces sentían al verla desaparecer, el anhelo y atención que ponían en volver a encontrarla, lo deberán ellas traspasar algún día a las vicisitudes de su vida espiritual, que no tendrá nada de fácil».

Entre el 15 de julio y el 8 de agosto de 1970, madame Le Pelletier de Glatigny está en Garabandal. Un día, hablando con Conchita, le pregunta si sabe algo de su conferencia de Candé. Recibe una respuesta negativa, y entonces ella explica a la joven cómo pueden entenderse aquellos «juegos», ya tan lejanos: «De seguro que la Virgen quería enseñaros a buscarla, para disponeros a una vida de fe pura y sencilla, cuando se acabaran las apariciones. Y ahora que os encontráis en plena oscuridad espiritual, sabéis mucho mejor que yo lo que esto quiere decir…»
«–Sí –replicó Conchita–, esto era lo que la Virgen quería enseñarnos»

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