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En Garabandal, desde el principio, destaca el trato íntimo que tenían las niñas con la Virgen María. Ella es su madre y habla con ellas como tal: se interesa por sus cosas, les pregunta, y ellas pueden hablarle con confianza, una confianza filial. Las mismas videntes han compartido esa experiencia del trato maternal de María. "Era como una madre, a la que hace mucho que no la ve su hija, que esta le cuenta todo. ¡Y mucho más nosotras, que no la habíamos visto nunca, y que era nuestra Madre del cielo!". Esa madre tan especial y cercana, se pone al nivel de las niñas, les deja que toquen su corona, les pone en los brazos a su niño, recibe y devuelve besos, y hasta, en ocasiones, juega con ellas.

mejormadre2"La Virgen reía, sonreía mucho. ¡No inspira ningún temor!" - Conchita González.

Una vez, una señora de Francia les dijo: "Entonces, Ella es muy buena... ¿Buena como una madre?". La niña exclamó: "¡No, mucho más que una madre! Ella es buena como una que además de madre fuese la mejor amiga, porque le podemos decir todo lo que se nos pase por la cabeza. Y nos comprende. Y nos ayuda. Ella reía y hasta jugaba con nosotras. Un día llegó a dejar su corona a Loli, para que esta se divirtiera poniéndosela en la cabeza (aunque Loli tenía mucho miedo de quemarse con las estrellas tan encendidas…). Con una madre no se siente una tan libre y tan confiada como con la Santísima Virgen. Nadie confiesa sus propias faltas a la madre, ni se le revelan los ocultos defectos".

De este trato con la Virgen proviene la espiritualidad propia de Garabandal. La Virgen es madre y quiere que le tratemos como tal.

"¡Si viera qué humana es la Virgen! Algunas veces repetía, como en broma, nuestras expresiones mal dichas, y lo hacía para que tomáramos confianza. Pero nosotras se la tuvimos desde el primer momento" - Conchita González.