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  • Espiritualidad

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advent

Este adviento les ofrecemos una palabra para escuchar y vivir: Despertar.

Muchas veces parece que nuestra fe, nuestra caridad y nuestra esperanza están como dormidas. Casi nos hemos olvidado de que el Señor nos pidió que vigilásemos, porque no sabemos ni el día ni la hora de su vuelta. El adviento viene a recordarnos esta verdad de que Cristo prometió que volvería, mas no sabemos cuándo. Pero nos dijo que mientras tanto, debíamos vigilar y orar. Podemos hacer el propósito de esforzarnos verdaderamente en este adviento y poner en práctica estas dos palabras, estas dos actitudes, y no perder el tiempo.

Sabemos que muchas veces las niñas - y todos lo que estaban con ellas - esperaban la aparición levantadas hasta la madrugada. Se quedaban despiertas esperando a la Virgen. Noticia de eso tenemos en los recuerdos de María José Álvarez (testigo de las apariciones): «Después de recorrer de puerta en puerta las casas de las que iban a tener aparición, nos sentamos en un banco que había delante de la ventana de la casa de Conchita. La cocina estaba llena y la puerta abierta. Se rezaba el rosario y nosotras contestábamos desde fuera. A las seis de la mañana, la gente que estaba dentro de la cocina, decidió salir para que nosotros entrásemos, por si teníamos frío.
Conchita y su madre estaban sentadas a ambos lados del fogón. Aniceta estaba más despierta, y yo le dije: "¿Por qué, sabiendo que la Virgen no viene hasta más tarde, no se acuestan?". Aniceta me contestó: "Sabiendo que la Santísima Virgen viene, lo menos que podemos hacer es esperarla levantadas". Gran razón».

juanpabloEsta actitud es la que debemos tener ahora y en todo tiempo, ante la venida del Señor. Quedarnos como "levantados" interiormente, es decir, estar preparados.

"Resuena más viva y actual que nunca la exhortación a velar y orar, a fin de estar preparados para el encuentro con el Señor" (Juan Pablo II - homilía - I Domingo de Adviento, 1997).

El Señor viene y espera encontrar las puertas abiertas. Que cuando venga a nuestro corazón, a nuestro encuentro, no le suceda lo que le pasó el día de su nacimiento: "No había sitio para ellos en la posada" (Lc 2, 7). "Abre la puerta a Cristo, tu Salvador" (Juan Pablo II).

Para ello, le pedimos ayuda a la Virgen. "Dirigid vuestra mirada a María. Toda su vida os muestra que nada es imposible para Dios. Imitándola e invocándola constantemente, podréis llegar a ser como Ella, portadores de alegría y amor" (Juan Pablo II).

 

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