locucion

En 1966 Conchita recibió una locución de Jesús. (Si quieres saber más sobre las locuciones, pincha aquí).

«Conchita, tú has venido aquí al colegio para prepararte para ser mi esposa, y dices que para seguirme. ¿No me dices, Conchita, que quieres cumplir mi voluntad? Pues tú ahora quieres cumplir la tuya. ¿Y quieres seguir así toda tu vida? Te he elegido a ti en el mundo para que estés en él, enfrentándote con las muchas contrariedades que por mí hallarás. Todo esto lo quiero Yo para tu santificación y [para que] lo ofrezcas por la salvación del mundo. Debes hablar al mundo de María. Acuérdate de que en junio me has preguntado si serás monja. Te he dicho: "En cualquier parte hallarás la Cruz, el sufrimiento". Te lo vuelvo a decir ahora: "Conchita, ¿has sentido mi llamada para ser mi esposa?". No, porque no te he llamado…
Le he dicho: "Entonces, ¿no me quieres, Jesús?"
. Me ha dicho: "Conchita, ¿tú me preguntas esto? ¿Quién te ha redimido? Cumple mi voluntad y encontrarás mi amor. Examínate bien. Piensa más en los demás, no te importen las tentaciones; si eres fiel a mi amor vencerás […]. Sé inteligente […], no te tapes tú misma los ojos del alma, no te dejes engañar por nadie. Ama la humildad, la sencillez. Nunca pienses que lo que has hecho es mucho, piensa en lo que tienes que hacer y en lo que debes hacer, no para ganar el cielo, sino para que el mundo cumpla mi divina voluntad; que toda alma se prepare. Quien tenga su alma dispuesta para oírme, sabrá qué es mi voluntad».

Las palabras de Jesús nos pueden dar luz también a nosotros sobre cómo debe ser nuestra actitud ante su voluntad.

Hágase tu voluntad

Muchas veces queremos hacer nuestra voluntad y no la de Dios. Lo que nosotros queremos no son siempre cosas malas. Podemos querer una cosa que es buena, pero que quizás Dios no la quiere para nosotros. Es importante que queramos lo que Dios quiere. En realidad, eso no es nada extraño ni distinto a lo que Jesús mismo nos enseñó. En el padrenuestro nos enseñó a rezar así: "Padre nuestro […], hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo". En el huerto de Getsemaní, también nos enseñó a decir: "pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc. 22, 42). A veces puede ser doloroso aceptar la voluntad de Dios, pero siempre saldremos ganando; todo lo que Dios quiere y permite es para nuestro bien. Como dice San Pablo: "Todo se convierte en bien para los que aman a Dios" (Rom. 8, 28). Jesús nos revela por qué debemos cumplir su voluntad: "Todo esto lo quiero yo para tu santificación y para que lo ofrezcas por la salvación del mundo". No debe extrañarnos tampoco que Jesús le diga: "En cualquier parte hallarás la Cruz", pues el Señor nos dijo: "El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí" (Mt. 7, 13).

¿Quién te ha redimido?

Jesús le pregunta a Conchita cuando le dice que si es que no le quiere: "Conchita, ¿tú me preguntas esto? ¿Quién te ha redimido?". Cuando sentimos el peso de la cruz o quedamos confundidos ante lo que Dios nos pide, nos puede surgir la pregunta: "¿Es que Dios me ha dejado? ¿Es que ya no me quiere?". Basta con alzar los ojos y mirar a la Cruz para entender que no es así. Él nos ha amado hasta el extremo y su amor es un amor fiel. No podemos dudar de su amor, porque nos dijo: "Con amor eterno te amé" (Jer. 31, 3).

¿Qué puedo hacer?


Jesús le indica a Conchita cosas concretas que puede hacer. Nosotros podemos examinarnos en estos puntos y tomarlos como propósitos.
- piensa más en los demás
- no te importen las tentaciones
- no te tapes tú misma los ojos del alma
- no te dejes engañar por nadie
- ama la humildad y la sencillez
- nunca pienses que lo que has hecho es mucho

Si eres fiel a mi amor, vencerás

Esta promesa de Jesús a Conchita es preciosa. Sabemos que nuestra fidelidad es gracia suya y sabemos que Él es y será siempre fiel. San Josemaría Escrivá dice, hablando de la lucha interior: "Sé fiel y vencerás". Es como decir: "Si eres fiel a mis palabras, a lo que te pido, llegarás al final, llegarás al Cielo".