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  • Espiritualidad

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aniversario

De nuevo recordamos el aniversario de la primera aparición del Ángel en Garabandal, aparición que dio comienzo a toda una historia de amor. Digo amor, porque, ciertamente, se percibe un amor especial en las apariciones en Garabandal, el amor de una madre que se preocupa por sus hijos y que desea su salvación. El Ángel prepara y anuncia la visita de esta madre amorosa. Pero ¿qué sucedió exactamente aquel 18 de junio?

Un pueblo escondido

En aquel entonces Garabandal era un pueblo que contaba con 300 habitantes. La mayor parte de ellos se dedicaba al campo y a la ganadería. Se podría decir que era un pueblo escondido, casi olvidado, ya que está situado en las montañas del norte de España. Su gente, religiosa y llena de fe, vivía de manera sencilla, sin grandes cosas. De estas familias provenían las cuatro niñas que el 18 de junio tendrían la dicha de ver al Ángel.

Un trueno

Conchita y Mari Cruz se habían alejado de la plaza del pueblo, y se dirigieron hacia la huerta del maestro, que estaba a las afueras. Allí, pensando que nadie las veía, se pusieron a coger manzanas. Pronto llegaron Jacinta y Mari Loli. Las primeras dos intentaron esconderse, pero era demasiado tarde; habían sido descubiertas. Una vez juntas decidieron volver a por más manzanas y, después de haberse llenado los bolsillos, fueron hacia la Calleja para comérselas. Conchita cuenta en su diario: «Estando entretenidas comiendo, escuchamos un fuerte ruido como de trueno». Levaron la cabeza para ver de dónde venía. «¡Ay, qué gorda!», exclamó Conchita. «Ahora que cogimos las manzanas, que no eran nuestras, el demonio estará contento, y el pobre Ángel de la guarda estará triste». Cogieron piedras y empezaron a tirarlas hacia donde creían que estaba el diablo riéndose de ellas.

Viene para hacernos buenos

El misterioso trueno había despertado en ellas el aborrecimiento del pecado. Las videntes de Garabandal no se consideraban santas, acababan de robar manzanas, pero en eso también hay una enseñanza. Conchita nos da explicación de ello: «¡Qué alegría! No hace falta ser perfectos para verla. Yo he sido una niña con muchos defectos. El día que se nos apareció el Ángel, me acababa de pegar con Jacinta… Ella viene precisamente para hacernos buenos».

Una figura muy bella

Conchita describe así la aparición: «De pronto, se me apareció una figura muy bella, con muchos resplandores, que no me lastimaban nada los ojos». Las otras niñas, al ver Conchita, se asustaron, pero al mirar en la dirección que señalaba Conchita, exclamaron: «¡El Ángel!», y quedaron en éxtasis.

Como hemos dicho, esta aparición fue el comienzo de una larga serie de apariciones. Por eso, es un día para dar gracias al Señor y a la Virgen por su amor. Y también de hacer como las niñas, reconocer que no somos perfectos e intentar ponernos de nuevo en el buen camino, sabiendo que para eso vino la Virgen, para recordarnos que tenemos que ser "muy buenos".

 

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