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  • Espiritualidad

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inmaculado

El 19 de marzo de 2020 se le preguntó a Conchita si podía ofrecer algunas palabras de consejo en estos tiempos difíciles por los que pasa el mundo y la Iglesia. Esto es lo que respondió:


«Dios nos está separando de los valores de este mundo. En el silencio de la Iglesia o en nuestra casa, ahora podemos hacer un examen de conciencia para que podamos limpiar lo que nos impide escuchar la voz de Dios con claridad. Con sinceridad podemos pedirle a Dios que nos diga qué quiere de nosotros hoy y continuar haciéndolo todos los días. Y pasar el mayor tiempo posible con Dios en la iglesia o en algún lugar de su hogar o donde encuentre el silencio. Él es todo lo que necesitamos».


Acojamos estas palabras y pongámoslas en práctica. Nos habla mucho del silencio. El silencio es fundamental para poder escuchar a Dios. Como ella dice, «Dios nos está separando de los valores de este mundo». Podemos ver en nuestras vidas tantas cosas y tanto ruido que no permite que escuchemos a Dios y a nuestra Madre. Tantos «valores» que al final poníamos por encima de Ellos cuando deben ser siempre los primeros. El silencio es un don, es una oportunidad para escuchar a Dios en lo profundo de nuestro corazón sin que ahoguen su voz las muchas otras voces que tantas veces nos perturban. Nos habla también del examen de conciencia. Cuán importante es hacer un buen examen de conciencia, pidiendo luz al Espíritu Santo para que nos ilumine. Luego nos dice que podemos pedir a Dios que nos diga qué quiere de nosotros hoy. Este hoy es muy importante. ¿Qué quiere Dios de mí ahora en este momento? No tenemos ni un minuto asegurado de nuestra vida, no sabemos cuándo Dios nos llamará, por eso es muy importante vivir el momento presente en su amor. Una vez que sabemos qué es lo que quiere no tardamos en dárselo o hacerlo. Dice que pasemos el mayor tiempo posible con Dios. Sí, tenemos que poner a Dios en el centro de nuestro corazón y nuestra vida. Ahora, las circunstancias no permiten que salgamos, quizá no podemos ir a la Iglesia, ni a Misa, ni a confesarnos, pero nadie puede impedir que nos retiremos a lo más profundo de nuestra alma para hablar con Él, unas veces para pedir, otras para interceder, alabar, bendecir, darle gracias, adorarlo. Termina diciendo: «Él es todo lo que necesitamos». Esta frase nos recuerda las mismas palabras de Jesús en el Evangelio cuando dice a Marta: «Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria: María ha escogido la mejor parte» (Lc 10, 41). Sí, Él es al final lo único necesario. Él es también el que todo lo puede. «Nada es imposible para Dios» (Lc 1, 37).


 

 

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