inmaculado

La Virgen en Garabandal nos dijo al final del segundo mensaje: «Pensad en la Pasión de Jesús». Muchas veces habremos reflexionado sobre estas palabras, pero, ¿lo hemos hecho suficientemente? Es necesario que tengamos siempre ante nuestros ojos este misterio de amor. Con demasiada frecuencia tenemos el corazón ocupado en tantas otras cosas.

Leí una vez: «Los enemigos del Amor son los amores». Los "amores" son todos los amores mundanos que no están ordenados a Dios. Dice San Ignacio que se puede usar de las cosas siempre y cuando nos acercan a Dios. Si hay algo que escucho, veo, digo… que no me acerca a Dios sino que me aleja tendría que preguntarme si está bien. Y si no está bien tengo que dejarlo o cambiar.

La Cuaresma es un tiempo para ir reflexionando sobre si hay “amores” de estos en mi corazón y echarlos para llenarme del Amor verdadero, el de Dios.
Vemos el inmenso amor de Dios en el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3,16). El haber conocido este amor tan grande de Dios se nos tiene que notar. Que al pasar puedan los demás reconocer en nosotros alguien que está sumergido en el amor de Dios.

Si la Virgen nos ha pedido que pensemos en su Pasión es porque sabe que nos hará un bien inmenso. Nos hace bien porque nos hace considerar esta inmensidad del amor de Dios; nos hace bien porque al considerarlo vemos nuestra pobreza y miseria y nos lleva a la conversión; nos hace bien porque nos hace disponernos a imitar a Jesús y querer también entregar nuestras vidas. En fin, nos hará bien si tomamos en serio esta petición de Nuestra Madre y si ponemos nuestros ojos en Cristo Crucificado y nos abrimos al Amor verdadero, el que se entregó por cada uno de nosotros.