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  • Espiritualidad

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visitacionEl 2 de Julio

La primera vez que la Virgen se apareció en Garabandal fue un 2 de Julio. Era por aquel entonces la festividad de la Visitación, que luego, en la reforma del Calendario Romano de Pablo VI el 14 de Febrero de 1969, fue cambiada al 31 de Mayo. Al pensar en este detalle, podemos ciertamente exclamar junto con Santa Isabel: "¿a qué debo que la Madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1:43), porque ella vino de nuevo para traernos la alegría, para traernos a Jesús.
Dice Juan Pablo II que, "Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente".
En el relato bíblico de la visitación de Nuestra Señora a su prima Isabel contemplamos cómo el fuego de la caridad que empujó a María a ir "con prisa a la montaña" para asistir a su prima Isabel que se encontraba encinta. Más que llevar una ayuda física debemos fijarnos en la alegría que llevó la Virgen a Santa Isabel porque llevaba a Jesús, que es nuestra alegría, en su seno.

A una región montañosa

Toda aparición de la Virgen, Nuestra Madre, es una visitación pero quizá las palabras del evangelio que dicen "a la región montañosa" (Lc 1,39), nos hace recordar con especial devoción las apariciones ocurridas en Garabandal. Ella viene a toda prisa para avisarnos, para aconsejarnos, para mostrarse como Madre.
Viene para darnos un mensaje de amor, para que nos convirtamos… para traernos a nosotros también a su hijo. El mensaje que trae es un mensaje de amor porque nos lo dice con amor y movido por el amor. María es nuestra Madre. Jesús, Nuestro Señor, nos la dio como Madre desde la Cruz, "he ahí a tu Madre" (Jn 19). ¿Qué Madre cuando ve un hijo en peligro no acude para avisarle de él? Entonces no debe sorprendernos que venga María, Nuestra Madre, para avisarnos del peligro en el que estamos si no nos convertimos, si no nos acercamos a Dios.
Tomemos esta festividad como una nueva oportunidad para acoger esta visita de la Virgen María también en nuestra casa y abramos nuestro corazón al saludo de María, a sus palabras y avisos maternales.

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