matrimonioAuténtica Iglesia doméstica

En octubre de 2015 se celebró la XIV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, con el tema: "Vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo". Esto dio pie a muchas reflexiones sobre la familia y, más concretamente, sobre la familia cristiana.
Cada vez resulta más palpable el ataque contra la familia en la sociedad actual. No se comprende su verdadero sentido y muchas veces falla la perseverancia. Ya no se lucha por seguir juntos porque Dios lo quiere, sino que se busca la separación. Ya no se entiende que el amor, aunque no se "sienta", no se acaba, y que, con la gracia de Dios, es posible superar las numerosas pruebas y tentaciones del demonio, del mundo y de la carne. Cuanto más nos alejamos de Dios, menos capacidad tenemos para comprender el valor del matrimonio y de la familia.
Juan Pablo II decía que la familia es una "auténtica Iglesia doméstica", es decir, "un lugar consagrado al diálogo con Dios Padre, una escuela de seguimiento de Cristo por los caminos del Evangelio, el fermento de la convivencia y de las virtudes sociales en estrecha comunión con el Espíritu que habita en nuestras almas" (Viaje apostólico a España, 1982).
El Catecismo de la Iglesia Católica, al hablar de la indisolubilidad del vínculo matrimonial, dice que "Jesús no impuso a los esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada, más pesada que la ley de Moisés. Viniendo para restablecer el orden inicial de la creación, perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios. Siguiendo a Cristo, renunciando a sí mismos, tomando sobre sí sus cruces, los esposos podrán "comprender" el sentido original del matrimonio y vivirlo con la ayuda de Cristo. Esta gracia del matrimonio cristiano es un fruto de la cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana" (Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1615).

¿Qué tiene que ver todo esto con Garabandal?

Entre los objetos besados por la Virgen María durante los éxtasis de las niñas, destacan las alianzas matrimoniales. Hay muchas anécdotas en la historia de las apariciones, como la que puede encontrar en este enlace. El P. José Luis Saavedra, en su libro: "Garabandal, mensaje de esperanza", hace la siguiente observación: "Estos besos de las alianzas, sin palabras, pero muy claramente, significan un valor fundamental: la importancia capital del matrimonio y de la familia. Esto es algo muy propio de Garabandal" (pág. 76). El P. Saavedra comentá, además, el dato curioso de que San Juan XXIII, sin saber nada de lo que ocurría en la lejana aldea montañesa, en una alocución a los esposos cristianos, los exhorta a besarse mutuamente los anillos matrimoniales, "como un deliberado afianzarse en sus santos y mutuos compromisos".
La Virgen invita a la fidelidad y a que tengamos amor y respeto por el matrimonio. Señala la importancia de la unión entre los esposos, pues besa los anillos, que son el signo exterior de la entrega mutua por el sacramento.
Recemos por los matrimonios y por las familias cristianas, para que sean fieles y permanezcan cada vez más unidos y, animados por la exhortación del Papa Juan XXIII, demos al matrimonio y a la familia el valor que Dios les quiso otorgar.