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  • Espiritualidad

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art madre

El dogma de la Maternidad Divina se refiere a que la Virgen María es verdadera Madre de Dios. Fue solemnemente definido por el Concilio deÉfeso (año 431). El título de "theotokos" (Madre de Dios) fue oficialmente atribuido a la Virgen en el siglo V durante el dicho Concilio, aunque la devoción del pueblo cristiano ya lo había hecho desde el siglo III. Benedicto XVI afirma que "con ese título se subrayaba que Cristo es Dios y que realmente nació como hombre de María".

María nos ayuda como Madre

Después del Concilio de Éfeso, se produjo una auténtica explosión de devoción mariana y se construyeron numerosas iglesias dedicadas a la Madre de Dios, entre ellas, la Basílica de Santa María la Mayor en Roma. La doctrina fue confirmada de nuevo en el Concilio de Calcedonia (año 451), en el que Cristo fue declarado "verdadero Dios y verdadero hombre" […], "nacido por nosotros y por nuestra salvación de María, Virgen y Madre de Dios, en su humanidad".
Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor y, del título "Madre de Dios", derivan luego todos los demás títulos con los que la Iglesia honra a la Virgen. Benedicto XVI nos dice que estos privilegios "no fueron concedidos a María para alejarla de nosotros, sino, al contrario, para que estuviera más cerca". [...] "Al estar totalmente con Dios, esta mujer se encuentra muy cerca de nosotros y nos ayuda como madre".

Madre de la Iglesia

Durante el Concilio Vaticano II, Pablo VI concedió solemnemente a María el título de "Madre de la Iglesia". Precisamente por esto es también madre de cada uno de nosotros, los creyentes. Desde la cruz, Jesús encomendó a su Madre al discípulo amado, y al discípulo amado a su Madre. Cada uno somos este discípulo amado a quien el Señor entrega a su Madre y al cual Él mismo encomienda a su Madre como hijo. Es una herencia impresionante la que nos deja Jesús.

Haced lo que Él os diga

Ahora nos toca a nosotros intentar vivir como hijos dignos de tal madre. Lo primero que debemos hacer es dar gracias a Dios por habernos dado su Madre como Madre nuestra, y por permitir que ella sea nuestra animadora en esta peregrinación hacia la patria celeste. Que no nos hagamos sordos a las palabras de esta madre bendita, que sus palabras no caigan en una tierra pedregosa y mala, sino que acojamos con gozo las palabras que Ella nos ha dirigido, comenzando por las de las bodas de Caná: "Haced lo que Él os diga".

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