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Pronto vendrá el "Aviso". Sí, lo sabemos. Pero no debemos fijar tanto nuestra atención ni gastar tantas energías en pretender adivinar los tiempos de Dios y de Nuestra Madre. Preocupémonos más bien de examinar nuestro corazón y ver qué hay en él que todavía necesite convertirse. Adelantemos el aviso personal mirándonos por dentro con sinceridad, delante del Señor, iluminados por el Espíritu Santo, preguntándonos: ¿qué hay en mí que tengo que cambiar? Quizá falto en la caridad, quizá debo dedicar más tiempo a mis deberes familiares, quizá debo ser menos curioso, menos materialista, quizá el Señor me llama a ser menos superficial y más profundo en mis reflexiones, quizá soy bueno, pero todavía no le he dado todo. Es posible que Dios me pida algo más: una sonrisa cuando no me apetece, una palabra de ánimo en vez de perder la paciencia, negarme a mí mismo en algo para bien del otro, renunciar a mis gustos, renunciar a una tableta de chocolate y dar el poco de dinero que cuesta al que lo necesite. Tal vez he omitido mi deber, como cristiano y católico, de formarme espiritualmente y de formar mi conciencia. Quizá no he hablado claro o he callado ante una injusticia o una situación en la que se atacaba la doctrina de nuestra fe católica. Quizá, simplemente, el Señor me llamaba a pasar más tiempo con Él y he puesto por delante otras cosas que yo consideraba más importantes…

No esperemos al aviso para convertirnos. La conversión es algo del día a día. Si somos sinceros, Él nos mostrará ya ahora, dentro de nosotros mismos, lo que tenemos que cambiar y lo que tenemos que hacer. Así estaremos preparados para el día en que Él nos mande el "aviso", esa nueva oportunidad de conversión para el mundo. Vivamos los mensajes de Nuestra Madre: hagamos sacrificios, visitemos al Santísimo, recemos con sinceridad, pensemos en la Pasión de Jesús. El Evangelio recoge muy pocas palabras salidas de los labios de María, pues todo lo guardaba y meditaba en su corazón, pero entre estas pocas palabras que conocemos, está el mandato: "Haced lo que Él os diga".

Hagamos hoy el simple acto de volver nuestra mirada hacia Dios y de proponernos, pidiendo su gracia, seguirle desde ahora fielmente, haciendo todo cuanto Él nos dijo.