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  • Espiritualidad

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Nuestra Madre del Cielo

Cuando Conchita habla de la primera aparición de la Virgen Santísima en Garabandal dice que era como si su madre hubiera estado ausente durante un viaje y acabara de volver. "Le contamos muchas cosas… Era como una madre que hace mucho que no la ve su hija y le cuenta todo. Con mayor razón nosotras, que no la habíamos visto nunca. Y, además, ¡era nuestra Madre del Cielo!" (Diario de Conchita).

Reina, pero también Madre

Ya en la primera aparición, el trato de las niñas con la Virgen Santísima era de confianza total, hablaban con plena familiaridad a la Reina del Cielo, le contaban todo: "[...] que íbamos todas las días al prao, que estábamos negras, que teníamos la hierba en morujos, etc. Ella se reía" (sic). Y es que esta reina es también madre, y a una madre se le puede contar todo. ¡Cuánto más a una madre como la Virgen Santísima. Esta sencillez de trato, llena de confianza y amor, es algo que podemos y debemos imitar. Nosotros también podemos contarle todo, hablar con Ella, pedir su intercesión, acudir a Ella en momentos de dificultad… Ella también nos escucha y nos sonríe. En Garabandal, destaca el amor maternal de María, que viene a ser una madre para nosotros, una madre que se interesa por su hijos. Se interesa por todo, pero sobre todo por la salvación de nuestras almas.

Os quiero mucho

Hoy en día, se pone el bienestar material por encima de todo y nos olvidamos de lo más importante, de que estamos llamados a ser santos y ir al Cielo. Ella, María, viene a recordarnos los bienes eternos y a hacernos entender que valen mucho más que todo lo que hay en este mundo. Ya Jesús nos había dicho: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?" (Mt. 16, 26). La Virgen, el la última aparición, nos dice: "Os quiero mucho y deseo vuestra salvación", y, a continuación, añade: "Tú pon de tu parte y nosotros te ayudaremos". Estamos necesitados de una madre que nos ayude y nos alcance la gracia de Dios, para que siempre nos acompañe. Pero hemos de poner de nuestra parte, hemos de esforzarnos, rezar, ofrecer, hacer sacrificios, cumplir el mensaje, no cansarnos.

Con Ella estamos

El relato de la primera aparición de la Virgen Santísima en el diario de Conchita termina con las palabras: "Así se terminó el día 2, domingo, ¡día muy feliz!, porque hemos visto por primera vez a la Virgen. Con Ella estamos todos, siempre que queramos".
Ese "estamos todos" incluye, literalmente, a todos; podemos estar con Ella siempre que queramos. Es una realidad, Ella está con nosotros. Desde el principio de la Iglesia, del cristianismo, María ha estado siempre presente. En los hechos de los Apóstoles se lee: "Todos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús […]" (Hch. 1, 14). Nosotros también podemos ponernos junto a María como los Apóstoles, y pedirle que nos enseñe a rezar, que nos ayude, que nos proteja, y todas las peticiones que salgan del corazón de un hijo que confía de verdad en su Madre.