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  • Espiritualidad

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camino

Una peregrinación es un viaje a un santuario o lugar sagrado.

Las motivaciones de una peregrinación son muchas: dedicar más tiempo a Dios y acercarnos más a Él, discernir su voluntad o buscar luz en un momento concreto de nuestra vida, fortalecer la fe, inspirarnos en la vida de los santos que nos han precedido... Se puede realizar para profesar la fe, con el motivo de expiar algún pecado, para pedir gracias o como agradecimiento por peticiones concedidas.

El peregrinar nos ofrece la posibilidad de volver a lo esencial y nos recuerda nuestra peregrinación hacia Dios; favorece la práctica de las virtudes cristianas y nos dispone a ser verdaderamente agradecidos con Dios.

El modo de peregrinar ha variado a lo largo de los siglos, y también los lugares de peregrinación, pero aún quedan muchas cosas en común. Normalmente, los peregrinos suelen comenzar reuniéndose en un lugar, donde escuchan la Palabra de Dios, son instruidos sobre el sentido de la peregrinación y reciben la bendición, para partir hacia el lugar de peregrinación.

Una vez allí, la primera cosa que se puede hacer es dar gracias a Dios y a Nuestra Madre (y al santo, si es un lugar donde hay un santo) por estar allí. Es bueno hacer lo posible por conocer el lugar y la historia, para poder aprovechar lo mejor posible la riqueza espiritual de estos santuarios, así como para saber cuál es el mensaje que debo llevar conmigo a casa y qué es lo que me pide.

Una peregrinación es también ocasión de conversión y, por ello, es bueno dedicar tiempo a la oración silenciosa, además de vocal, para pedir que el Señor me dé luz sobre las cosas que debo cambiar y mejorar. Ayuda para ello el sacramento de la confesión, donde recibimos el perdón de Dios y la gracia para servirle y serle fiel en adelante. No debemos olvidar que aunque no "sienta" nada en la peregrinación, el Señor actúa en nuestro corazón y que, si hemos sido abiertos y sinceros con Él, no habremos perdido el tiempo. El hecho de no "sentir" o no "escuchar" a Dios no cambia en nada el hecho de que Él está y nos habla y, sobre todo, nos ama.

 

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