lepanto

Breve historia

En 1571, la cristiandad en Europa estaba amenazada, una vez más, por una invasión musulmana de los turcos. Ante este peligro, los cristianos se unieron en defensa de la fe. El Papa se declaró como jefe de la liga, Marco Antonio Colonna como general de los galeones y don Juan de Austria como generalísimo. Cuando salieron los 101 galeones y otros barcos más pequeños al encuentro de las naves turcas, el Papa envió su bendición apostólica y predijo la victoria. San Pío V era miembro de la orden de Santo Domingo, y, consciente del poder de la devoción al rosario, pidió que se rezara y que se hiciera ayuno, suplicándole a la Santísima Virgen su protección y ayuda en el peligro. A pesar de que los turcos poseían la flota más poderosa del mundo, no poseían el arma invencible: el santo rosario. Durante la batalla, miles de cristianos elevaron sus plegarias a la Santísima Virgen con el rosario en la mano y se hizo una procesión del rosario en la Iglesia de la Minerva, pidiendo la victoria. La oración fue escuchada: los cristianos lograron una milagrosa victoria, cuyo triunfo aumentó la devoción al santo rosario. En gratitud a Dios por la victoria, el San Papa Pío V instituyó la fiesta de la Virgen de la Victorias, que más tarde sería conocida como "La fiesta del rosario". Esta fiesta se celebraba el primer domingo de octubre, hasta que el Papa San Pío X fijó la fecha del 7 de octubre. Fue el Papa San Pío X quien afirmó: "Dadme un ejército que rece el rosario y lograré con él conquistar el mundo".

La fuerza del rosario

La Virgen entregó el rosario a santo Domingo de Guzmán como arma poderosa estando una noche en oración. Después hemos visto, sobre todo, en Fátima, pero también en muchas otras apariciones marianas, la importancia del rezo del rosario y la invitación a rezarlo. En Garabandal, desde el principio, la Virgen no se limitaba a escuchar a las niñas, sino que se preocupaba de formar su vida espiritual. Les enseñó el rezo el rosario y cómo debían rezarlo. Lo mismo sucedió en Lourdes, donde santa Bernadette rezaba mientras la Virgen desgranaba las cuentas del rosario, y en Fátima, donde la Virgen, ya en la primera aparición, señaló el valor de su rezo: "Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo" (13 mayo 1917). El rosario es una oración al alcance de todo cristiano, y no debe faltar en nuestra vida cotidiana. Con su rezo, pedimos la intercesión poderosa de la Virgen María, que, como Madre, escucha nuestras súplicas. Dios ha querido que se derramasen una multitud de gracias a través de Ella y a través del rezo del rosario.

Los santos y el rosario

Muchos santos han escrito o hablado sobre el rosario y su valor. Aquí hay algunos testimonios de ello:
San Pío X: "El rosario es, de todas, las oración la más bella, la más rica en gracias y la que más complace a la Santísima Virgen".
San Alfonso María de Logorio: "Entre todos los homenajes que se deben a la Madre de Dios, no conozco ninguno más agradable que el rosario".
San Pío de Pietrelcina: "Amen a la Virgen y háganla amar. Reciten siempre el rosario".
Santa Teresita del Niño Jesús: "Con el rosario se puede alcanzar todo".
San Carlos Borromeo: "Rezar el rosario es mi más dulce ocupación y una verdadera alegría, porque sé que, mientras lo rezo, estoy con la más amable y generosa de las madres".
Santa Teresa de los Andes: "Confíe todo a la Santísima Virgen. Récele siempre el rosario, para que Ella le guarde no solo el alma, sino también sus asuntos".

Continúa la batalla

Hoy en día, nos encontramos con otra batalla de Lepanto. El mundo y sus ideologías quieren acabar con la fe y con el cristianismo, pero hemos de permanecer fieles y luchar para que esto no suceda. Puede parecer que las fuerzas contrarias nos superan, pero es solo apariencia, pues nada hay más grande que Dios. Tenemos que luchar y aquí tenemos un arma para ello: el santo rosario. Hoy más que nunca, ningún cristiano debe faltar al rezo del rosario, pidiendo, sobre todo, la paz, en el mundo, en la familia, en el corazón. Si rezamos con fe y con devoción, Nuestra Madre del Cielo no desatenderá nuestra oración.