santidad

El título de este artículo está tomado de las palabras de un informe del P. José María Alba Cereceda, S.J., el cual constató: "Según la valoración de los médicos, es impensable una explicación psicológica o anormal, como tampoco algo comercial interesado, propagandístico, fraudulento en lo familiar o en la colectividad del pueblo". Su informe es una llamada a fijarnos en el mensaje que nos ha sido dado a través de estas apariciones. Dice que estamos llamados a una "auténtica reforma de vida", que "lo que quiere la Virgen es nuestra santidad", que "el mensaje dado por la Virgen María a las niñas el 18 de octubre tiene una estructura muy sencilla y simple: sacrificios, penitencia, visitas a Jesús Sacramentado". Y es así. Lo que la Virgen nos pide no es nada diferente a lo que el Magisterio de la Iglesia ha ido enseñando desde los principios del cristianismo, doctrina que tenemos que volver a recordar y a vivir de forma auténtica.
En nuestro tiempo, en el que el laicismo y la pérdida de la conciencia de pecado están en aumento,hay una urgencia real de "rectificación hacia una auténtica vida cristiana". ¿Cómo responder a esta urgencia? Empieza por uno mismo. Tenemos que evangelizar, llevar a las almas al Señor, hacer apostolado y todo lo que podamos, pero también hay que trabajarse en esta continua conversión interior, siendo cada vez más fieles al Señor, a su palabra, a lo que Él nos pida.
El Catecismo de la Iglesia Católica dice: "Este don gratuito de la adopción [filial] exige por nuestra parte una conversión continua y una vida nueva" (CIC, nº 2784). Emplea el verbo "exigir". El amor exige amor. Cuando meditamos el amor de Dios hacia nosotros -sobre todo, en la Pasión, como nos aconsejó la Virgen-, no podemos menos que querer responder con nuestro amor.
Lo mismo ocurre al considerar los acontecimientos de Garabandal. ¿Cómo no responder? La Virgen viene, como Madre, no a decirnos algo nuevo o fuera de lo ya conocido, sino para recordarnos lo que hemos de hacer para llegar al Cielo y para que más almas conozcan al Señor y lo amen. La Virgen preguntó en una ocasión a Conchita: "Y tú, ¿responderás?". A nosotros también nos lo pregunta y espera una respuesta, espera tu respuesta.