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  • Canciones

    Te lo digo cantando
  • 1

¿Cómo surgió el himno joven?

Esta canción nació durante una peregrinación de jóvenes a San Sebastián de Garabandal.

El peregrino que va a San Sebastián de Garabandal debe saber que está en su mano el hacer que esta experiencia vaya más allá de lo meramente terreno. Se trata de ir a ver a alguien que te espera y que hace tiempo que desea tener este encuentro contigo. Es ir a ver a una Madre que ha trazado un camino para llegar hasta ti, aunque parezca que eres tú quien va hacia ella.

“No vengo solo por ti, vengo por todos mis hijos, con el deseo de atraerlos a todos hacia nuestros corazones” (Nuestra Señora del Carmen de Garabandal a Conchita).

Letra

Caminaré junto a la cruz, alzando en alto tu bandera.
Me guiarás, junto a mí irás, descubriendo en mí tu presencia.


Estribillo:
María de Garabandal, acércanos más a tu Hijo.
En la aflicción, la oscuridad..., tú, como Madre, no nos dejes.
La Eucaristía sostendrá nuestro cansancio en el camino a la verdad.


Presencia fiel en la Pasión, como a San Juan, tenme a tu lado.
Quiero salvar, junto al Amor, a todo el que esté alejado.
Honrar tu luz -virginidad-, haz que la ensalce con mi vida,
pureza que quiero imitar. ¡Haznos ser unos hijos dignos!


Estribillo

Corriendo voy detrás de ti, mirando al cielo, a lo alto.
¡Despiértanos y haznos ver que este mundo va de paso!
Elévanos el corazón, transfórmalo tú con tu beso.
Recógelo y límpialo, ¡rompe el de piedra y hazlo nuevo!


Estribillo

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  • 1

Caminaré junto a la Cruz, alzando en alto tu bandera.

«Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre» (Jn. 19, 25). María sella la entrega total e incondicional a sus hijos a los pies de la Cruz. El cristiano que va en busca de María y que procura asemejarse a ella debe saber que, como Madre, no abandona a sus hijos: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn. 19, 26). Ella permanece junto a aquel que se alza «como bandera discutida» y nos anima a que, en cada momento de nuestro caminar, fijemos la mirada en Él, que es el único guía y estandarte de nuestra vida. «A la Virgen le gusta estar siempre cerca de donde está Jesús, su Hijo» (las niñas de Garabandal a D. Luis Navas).

Me guiarás, junto a mí irás, descubriendo en mí tu presencia.

Una vez que el alma busca a María, aunque sea de una manera muy sutil y callada, ella se muestra continuamente para transformarla y perfeccionarla con su presencia y para guiarla a Dios. María nos acoge en su corazón de Madre, guiándonos hacia Jesús. «¡Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación! [...] Pedidnos sinceramente, y nosotros os lo daremos» (Segundo mensaje de Garabandal).

María de Garabandal, acércanos más a tu Hijo.

María siempre ha dado el puesto de preferencia a su Hijo en todas sus apariciones. Así lo hizo también en Garabandal. «Ella venía muy sonriente, y el niño, también» (las niñas de Garabandal). María nos da a su Hijo como portadora de un gran tesoro que transmite amor al corazón de los hombres. La Encarnación del Hijo de Dios muestra la ternura y la fragilidad con la que Dios ha querido mostrarse al mundo, para que no le tengamos miedo, sino que le abramos el corazón. Se trata de un amor que va más allá de sus sucedáneos mundanos.

En la aflicción, la oscuridad..., tú, como Madre, no nos dejes.

Este verso de la canción está inspirado en un hecho que le sucedió a Loli, una de las niñas de Garabandal. «Hacia las tres de la madrugada, Julia (la madre de Loli), mandó a la niña que fuese a recoger la ropa que habían dejado tendida fuera (...). La niña explicó que le costaba obedecer en aquello de la ropa a su madre, porque le daba miedo salir sola de la casa en tal noche, a tales horas...; pero la Virgen, que veía su buena voluntad y su miedo, había venido para ir con ella y acompañarla maternalmente en todo momento» (Relato del P. Eusebio de Pesquera sobre Loli, "Garabandal: Hechos y fechas", p. 204). La presencia de María tranquilizó a Loli y le hizo saber que la Virgen siempre estaba con ella. ¿Acaso no sucede lo mismo con nosotros? María nos acompaña en la oscuridad de nuestra pobre fe, en la oscuridad de un mundo que no comprende el escándalo del amor extremo, en la oscuridad que nos rodea en cada uno de nuestros grandes o pequeños sufrimientos.

La Eucaristía sostendrá nuestro cansancio en el camino a la verdad.

Ella nos enseña que en la Eucaristía está la respuesta a todo, puesto que, en ella, Dios está con nosotros. «Conchita, debes visitar más a mi Hijo en el sagrario. [...] Él os está esperando día y noche» (Nuestra Señora del Carmen de Garabandal a Conchita, durante la última aparición a la niña). Y nos pide que, una vez descubierta esa presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento, seamos fieles a su amor: «La Eucaristía: cada vez se le está dando menos "importancia" [...]. Pedidnos sinceramente, y nosotros os lo daremos» (Segundo mensaje de Garabandal). «El Ángel no volvió a darme la comunión hasta que me confesé» (Jacinta).

Presencia fiel en la Pasión, como a San Juan, tenme a tu lado. Quiero salvar, junto al Amor, a todo el que esté alejado.

Uno de los encargos que Nuestra Madre nos dejó fue este: «Pensad en la Pasión de Jesús» (Segundo mensaje de Garabandal). María nos recuerda la importancia de saber profundizar en los grandes sufrimientos que el mismo Dios vivió para salvarnos. «Mirarán al que traspasaron» (Jn. 19, 37). Ella, que vivió con su Hijo cada segundo de la Pasión, nos enseña el valor del sacrificio. «Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia» (Primer mensaje de Garabandal). Quiere que nuestra pobre alma llegue, poco a poco, a comprender que «valemos la Sangre de Cristo». «A mí, por Semana Santa, me mandó (la Virgen) que fuera a las 5 de la mañana... (a rezar el rosario a la Calleja); y así fui, porque la Virgen siempre quiere que hagamos penitencia» (Diario de Conchita). «La Virgen pidió que todos se confesaran y comulgaran» (Mari Loli a Dª María Herrero). Podemos confiar en que ella se nos da en nuestro día a día, está a nuestro lado para enseñarnos a ofrecer hasta los actos más pequeños. «Al presentarte ante Dios, tienes que mostrarle tus manos llenas de obras hechas por ti en favor de tus hermanos y para gloria del mismo Dios... Ahora las tienes aún vacías» (Nuestra Señora del Carmen de Garabandal a Conchita). Este amor de María nace de su amorosa entrega hacia cada alma. Quien se acerque a San Sebastián de Garabandal experimentará ese modo que tiene María de habitar entre los hombres. «Ten confianza en nosotros y llévalo todo a nuestros corazones, por el bien de tus hermanos; así nos sentirás siempre cerca de ti» (Nuestra Señora del Carmen de Garabandal a Conchita).

Honrar tu luz -virginidad-, haz que la ensalce con mi vida, pureza que quiero imitar. ¡Haznos ser unos hijos dignos!

Garabandal es una verdadera «escuela de María». Ella, que puede "virginizar" a las almas con su presencia, nos enseña que, si la dejamos vivir en nosotros y entre nosotros, como el discípulo amado, nos ayudará a que nuestros pensamientos, palabras y obras sean lo más puros posibles, para nuestra santificación y para gloria de Dios: «Os quiero mucho, y deseo vivamente vuestra salvación: deseo reuniros aquí en el Cielo, en torno del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo!» (Nuestra Señora del Carmen de Garabandal a Conchita). María, con su ejemplo de vida en medio de nuestra juventud, a través de sus palabras y gestos, llenos de pureza, discreción y respeto exquisito hacia el alma, nos enseña la delicadeza que debemos tener al acercarnos a cada alma, incluida la propia, sabiendo que cada alma es «templo del Espíritu Santo» (I Cor. 6, 19): «La Virgen, al mirarte, da la impresión de que, más que a ti, mira al mundo. ¡Y de qué modo! Nadie de nosotros podría mirar así...» (Conchita). Esta pureza que imprime María nuestras almas se alcanza con los pequeños detalles de nuestro día a día. Por ello, en Garabandal, Nuestra Madre va educando a las niñas, les enseña a comportarse, las comprende, las escucha y está con ellas, dignificando y purificando sus almas. Les enseña también a ser dignas de la mirada de su Padre Dios: «Conchita, ¿por qué no dejas tu chicle y ofreces eso como un sacrificio por la gloria de mi Hijo?» (Nuestra Señora del Carmen de Garabandal a Conchita).

Corriendo voy detrás de ti, mirando al cielo, a lo alto. ¡Despiértanos y haznos ver que este mundo va de paso!

«Yo voy rezando delante, y vosotras me seguís» (Nuestra Señora del Carmen de Garabandal a las niñas). «No volaban [...]. Era como si aquellos pies tuvieran ojos para ver dónde ponerse. Marchaban con una ligereza, un aire, un ritmo..., que no se puede describir» (Testigo ocular: Sr. Otero Lorenzo). «Íbamos como en el aire, como si fuésemos tumbadas, no sé... ¡Como estando en otro mundo! Pero, siempre, como si fuera de día y con sol» (las niñas al P. Ramón Mª Andreu). Algo habitual en las apariciones de Garabandal eran las marchas extáticas de las niñas. Muchas veces salían corriendo –sin darse ellas cuenta- hacia cualquier lugar que la Virgen les indicaba o hacia donde la visión se dirigía. Estas "carreras" extáticas podían hacerlas marcha atrás o hacia adelante, y siempre con la cabeza totalmente inclinada hacia arriba. A veces duraban horas. Una bonita aplicación de estos hechos en nuestra vida es saber orientar nuestra mirada hacia las cosas realmente trascendentales. María, una vez más, se convierte en una maestra de la fe, enseñándonos a fijar la mirada del corazón en las «cosas de allá arriba».

Elévanos el corazón, transfórmalo tú con tu beso. Recógelo y límpialo, ¡rompe el de piedra y hazlo nuevo!

«La gente y los padres (sacerdotes) nos daban objetos para que nosotras se los diéramos a besar, y ella lo besaba todo» (Diario de Conchita). «Las piedras han sido cosa muy frecuente en las visiones de las niñas. Se trata de piedras pequeñas, como el tamaño de un caramelo; las recogen del suelo en estado de trance o las llevan ya preparadas de antemano. Se las dan a besar a la Virgen, y luego las entregan a distintas personas, como recuerdo o como señal de perdón» (Extracto del Informe del P. Ramón Mª Andreu, S.J.). María "vuelve" a la tierra para recordarnos que su corazón está totalmente disponible para nosotros. Ella vino a Garabandal para recoger nuestros corazones duros, sucios por el pecado y doloridos por el sufrimiento, y transformarlos, con su beso, en algo sagrado. María intercede por nosotros ante su Hijo.